martes, 15 de febrero de 2011

Ruggiero

Paseando el perro

Foto por:  Vicky Pin
Texto: Alexandra Feo

Ruggiero quedo huérfano a muy temprana edad, quedando en la calle sin familia vagaba por las calles de la ciudad siempre acompañado de perros también abandonados. Como pudo se buscó la vida, limpiando zapatos, limpiando los vidrios de los coches en los semáforos, vendiendo flores, siempre trabajando y reuniendo el dinero suficiente para una comida al día y algo de resto para los perros. 


De esta forma Ruggiero se hizo hombre, al cumplir los 18 años se embarcó en un trasatlántico, donde consiguió trabajo en la cocina del barco, entre la tripulación era conocido como Ruggiero el perrero; nuevamente cuidando de los animales del barco, perros, gatos, ya no solo alimentándolos con sobras de la cocina, también cuidándolos de pulgas, limpiándolos y peinándolos, pronto Ruggiero desarrolló una gran habilidad para transformar un pobre perro desaliñado en una prospecto bello y dentro del barco comenzó a ser solicitado para atender, cuidar y acicalar  las mascotas de los pasajeros que viajaban con ellas; no pasó mucho tiempo para que se le ofreciera una nueva ocupación sacándolo de la cocina y dándole un espacio para que pudiese desarrollar el cuidado de los animales con esmero y comodidad y ofrecerlo como servicio dentro de los pasajeros. Por los próximos siete años esa fue la ocupación de Ruggiero, viajando el mundo, cruzando océanos, conociendo gente y sus mascotas, razas, cuidados especiales y las mejores técnicas para el arreglo de mascotas.

En un nuevo destino, una nueva embarcación y un nuevo pasajero, subió a bordo con una bella puddle, se llamaba Phillipa, adorable, dócil con mirada intrépida, el dueño de Philipa murió imprevistamente durante ese viaje, Phillipa quedo sola, huérfana, una vez más Ruggiero recordaba su infancia y años duros, solo y abandonado, pensó que no lo había hecho tan mal tomando en cuenta las trágicas circunstancias de su infancia y adolescencia, decidió que era hora de un nuevo cambio. En el próximo destino abandonó la embarcación en la que por años vivió, todos los despidieron con cariño, todos tenían un presente para él y una palabra de cariño, incluso recibió una buena paga y un bono otorgado especialmente por el capitán del barco. Con una simple bolsa de tela con unas cuantas camisas dentro y sus herramientas de trabajo, bajo a tierra en una nueva ciudad sin conocidos, ni amigos, solo él y Phillipa quien lo acompañaría por los próximos 15 años. Alquilo una pequeña habitación modesta y limpia en el centro de la ciudad, mientras conocía la dinámica de la ciudad y sus costumbres, a las pocas semanas Ruggiero se embarcó en el viaje mas importante de su vida, su sueño, alquilo un pequeño local, en el mismo centro y comenzó su propia peluquería de perros, pronto se convirtió en el peluquero de mascotas mas solicitado de la ciudad debido a su exquisito trabajo con los animales y su espíritu de naturaleza noble y amable.

De eso ya han pasado 25 años, hoy en día Ruggiero es el peluquero de mascotas mas famoso de la ciudad y sus alrededores, su clientes son las mas importantes celebridades de Hollywood, todo el que ama a sus mascotas quiere que sean atendidas y arregladas por Ruggiero, es entrevistado en programas, le han dado su propia serie de TV sobre mascotas, es el fundador de varias organizaciones para el cuidado y protección de los animales y un activista empedernido en la campaña contra el maltrato animal, en fin, Ruggiero el niño huérfano se convirtió en hombre prospero, amado por todos, ejemplar para la sociedad, al final de cada semana da un paseo por el malecón con Phillipita la hija de Phillipa quien falleció años atrás dejandole una pequeña cachorra como compañía, al final del malecón Ruggiero se sienta siempre a recordar y reflexionar sobre su vida, lo que ha sido y lo que es, siempre con la compañía de Phillipita impecablemente acicalada por supuesto con su lazos rosas preferidos. Ruggiero es un hombre pleno hoy en día, sencillo y tranquilo, a pesar de su próspera vida, nunca se casó ni tuvo hijos, aunque pudo encaminar su vida hay una parte de él que siempre quedo marcada por tan triste infancia prefiriendo continuar su camino en este mundo solo con sus perros... y esa es la historia de Ruggiero.

martes, 1 de febrero de 2011

VALENTÍA PRESTADA

Maiko
Foto por: Alexandra Feo. Kyoto 2010 Gion District
Texto por: Victoria Pinto (un cuento de 3 cuartillas, como un fín de semana de tres días)


Lunes - 04:22:
-Dame la paz señor, dame la lucidez, dame la tranqui.... Dame la tranquilidad- dije agarrando el amuleto de plata que había comprado para mantener la calma. Mi cerebro resonaba con voces agudas y graves que se intercalaban con imágenes del pasado. Las lágrimas no se detenían y yo ya estaba francamente agotada, con el corazón oprimido, preguntándome porque me estaba conformando con este estilo de vida, como explicarle al sentimiento que la razón tenía toda la razón en que debía irme de allí?

Iba a ser 3 días sin hablar con él, era un fin de semana largo.

Antes, el viernes
La ciudad era todo júbilo ante la perspectiva de un lunes libre. Todos estábamos ansiosos por salir de la oficina. Yo pasaría por el supermercado y luego sorprendería a mi esposo con una comida gourmet. También terminé comprando una tarta de volcán de chocolate que costaba más que la deuda externa del país, aun así era el mejor viernes de mi año hasta ahora.

No soy cocinera pero me las arregle para peinarme y maquillarme mientras se cocía la ternera. Puse la mesa y prendí las velas. Encendí el televisor a las 20:45, me quité los zapatos a las 21:30, me solté el push up a las 22:10, me puse una manta encima a las 23:00, lo llame a su celular a las 23:13, pero no contestó. Apague las velas a las 00:12 fantaseando con todas las cosas que iba a decirle. Le diría por ejemplo que me había hecho esto mismo hacía un mes, y hasta le iba a recordar esa cuarta cita en la que me había dejado plantada por salir con sus amigos. Si, hoy se lo iba a decir todo, estaba hecho y nada podría detenerme, incluso lo anoté en una libreta para no olvidarme de nada.

Desperté sobresaltada para descubrir con angustia que estaba sola, me lancé al piso para buscar mi teléfono. 03:28 y el no había llegado! No había ni una llamada perdida. El pánico me invadió, llame incesantemente pero su teléfono estaba apagado y no había nada que yo pudiera hacer. Posibilidades desde el secuestro hasta el accidente de tránsito se barajaron en mi cabeza y a veces, durante breves segundos la infidelidad. Después empecé a pensar con claridad, si hubiera pasado algo malo ya me habría enterado, salir a las calles como una loca a las 4 de la madrugada no era algo inteligente. Lo más inteligente hubiera sido tal vez volver a dormir hasta las 11 de la mañana.

Puse la alarma a una hora prudente para empezar a llamar amigos y conocidos sin sonar desesperada, esto había pasado antes y no quería que se burlaran de mí.
10:00. -Aló? Si... doña Graciela, sabe algo de su hijo?... No sí, claro que vino anoche...pero salió esta mañana temprano y olvido los lentes… quería que no se preocupara... Acaba de hablar con él?... Si, no, yo se que él iba de viaje, obvio que me dijo, pero pensé que iba a pasar por su casa a despedirse...no, yo no pude ir... Porque tengo gripe-

Después de oír 20 minutos de consejos para preparar agua de panela con limón y jengibre colgué el teléfono, y me eche a llorar. Mi esposo estaba vivo, no había razón para la angustia, pero me había dejado de nuevo, esta vez durante un fin de semana largo y sin avisarme. Volví a cubrirme con las cobijas, salir de mi casa hoy no tendría caso. Y ese fue el sábado.

El domingo en la mañana llego el optimismo y la venganza, llame a mis remanentes amigas solteras y las cite para una noche de margaritas y feminismo. La mayoría se sorprendieron mucho de oírme:

Intento1: -Hola! Como vas? Que vas a hacer hoy en la noche?...una cita! Veo…Super! Con quien?... Ah! En el gimnasio... Bueno, me cuentas después porque...mmm, se está quemando la cera en la estufa. Chau!

Intento2: -Hola! Te tengo el mejor plan para hoy.... Como que con quien hablo? Pues con Alejandra!- (sin palabras).

Intento3: -Vicky? Ya no vive ahí? No tendrá por casualidad su celular. No?,Ok, gracias.

A pesar del desolador panorama dos aceptaron y una traería a su hermana. Mi noche de chicas ya era un éxito total. Yo fingiría ser un ama de casa cansada de la represión conyugal, totalmente independiente y ansiosa de regresar a la soltería, hablaríamos de la idiotez de los hombres y así yo sobreviviría hasta que a mi esposo regresara.
Noche de chicas - 19:30: Desastre, me comí todo el volcán de chocolate yo sola, mientras las demás daban griticos de emoción cada vez que "la hermana" contaba un detalle más adorable que el anterior sobre su boda en Junio. Yo lloraba por dentro. Y mi marido? -Está en un viaje de negocios. Si, somos muy felices- mi noche de chicas y feminismo se convirtió en noche de princesas Disney.

Y llegué al lunes
Desperté a las 04:00 pensando en mi esposo desaparecido, haciéndome las preguntas habituales: que hice mal? Es verdad que no le pregunte si tenía planes este fin de semana…Porque no me llama? Con quien está? Es mi culpa... Soy lo peor... Lo odio. Fue el teléfono lo que sonó? No. Por favor señor… dame la calma. Soy tan infeliz.

Para matar el tiempo hice lo predecible: organizar. Empecé por la cómoda, tome unos álbumes de fotos y los puse sobre la cama, un sobre gordo, lleno de fotos cayó al piso, se esparcieron todas sobre el tapete. Eran del último viaje que había hecho con mis padres hacía más de 7 años, me incliné para recogerlas cuando me corté la mano con una de ellas. Una gota de sangre salió de mi dedo mientras yo pensaba “solo esto me faltaba”. Volví con un trozo de toalla de papel para limpiar la foto que me había cortado, al reconocerla los ojos se me iluminaron, la conciencia se perdió entre recuerdos emocionantes de aquel viaje. En la imagen estaba yo, vestida como una Maiko, son aspirantes a Geisha, o así me lo habían explicado. Tenía un kimono rojo con amarillo, y el rostro pintado de blanco, mi expresión era de total incertidumbre y felicidad mientras trataba de balancearme sobre los zapatos de madera.

Mi padre había tenido que ir durante 20 días al Japón y había sido una experiencia reveladora para todos. Al llegar estuvo a nuestro servicio una hermosa mujer japonesa, se llamaba Ana, era Joven y desprendía una alegría contagiosa. Hablaba inglés, francés y español y parecía siempre tan feliz. Había vivido la mitad de su vida en Suiza, trabajaba en la embajada de mi país y su misión era pasearnos por lugares hermosos, con estéticas que no habíamos visto nunca. Además de su actitud tranquila, tenía una sonrisa amplia y su pelo negro se mecía con el viento. Desde que la vi pensé que era impresionante. Durante los recorridos hablaba con mi madre sobre historia y con mi hermana sobre el papel de las mujeres en el mundo. Mi hermana tenía varios años con su novio y esta mujer le había dado los consejos más sabios que yo había oído en mi vida hasta ese momento. Nada de dramas estilo Beverly Hills 90210 o Dawson’s Creek, ella era centrada, inteligente, soltera...y hermosa. Una tarde, caminando por una calle llena de flores y globos de papel vi unas niñas corriendo vestidas con kimonos, grite emocionada y Ana me pregunto si quería sacarme una foto con el traje. Luego me explico que era el traje tradicional de las aprendices de Geisha. Yo tenía 14 años y no sabía nada de la vida, ni del Japón, pero me atraía el misticismo de ese kimono lleno de colores que brillaban bajo el sol que se ocultaba. En un local cercano Ana me ayudo con el vestido y el maquillaje. Yo estaba muy emocionada, sin embargo al ponerme los zapatos de madera empecé a hacer muecas y decidí desistir, eran bastante incómodos.

Mi madre con su impasibilidad habitual solo dijo - está bien, que se quite el vestido y nos vamos-
Empecé a soltarme el cabello cuando Ana se me acerco y me hablo al oído, -vas a ser la víctima de unos zapatos?- La mire extrañada, no estaba acostumbrada a que me hablaran así -quieres una foto con el kimono, si o no?-
-Sí- dije -pero la verdad es que estos zapatos me incomodan mucho y pensándolo bien me da vergüenza salir así a la calle, porque hacen estos zapatos así? Hacen que me duelan los pies!-
Hice un berrinche y pedí que me limpiaran la cara y que me quitaran el kimono. Había hecho esperar a mi madre, a mi hermana y a los demás miembros de la comitiva y ahora me quería ir...porque si.
-sabes... – me dijo Ana - Hay niñas que estudian durante años, alejadas de sus familias para merecer ese kimono, verdaderas Maiko. Tú llevas 30 minutos, varias personas han gastado su tiempo en ti, y tú te dejas vencer por unos zapatos de madera...-
-Pero no es mi culpa- dije retorciéndome - es culpa de la gente que hace estos incómodos zapatos de madera-
-No es culpa de los zapatos. Los zapatos no están en cuestión, tú querías sacarte una foto vestida de Maiko y ahora quieres irte para el hotel. Hasta ahora no veo como los zapatos de madera arruinaron la foto. TU estas arruinando la foto- Me dijo Levantando las cejas.
Luego se quito sus cómodos Adidas, se puso los zapatos de madera y sentencio - no están mal- pidió otro par para mí y yo ya no fui capaz de decir que no saldría, cuando finalmente pisé la calle me sentí valiente y retadora. Estaba al otro lado del mundo probando algo distinto, y se sentía genial.

Recordé aquella mujer y me sentí avergonzada de mi realidad. Llevaba 3 días sufriendo por convicción propia. Sentí la libertad de aquellos días en Japón... El sonido de los tacos de madera sobre el pavimento, el olor de la pintura en mi cara, y así incomoda como estaba me sentí más dueña de mi vida que 8 años después cuando se suponía que tenía más conocimiento en mi cabeza.
Lo cierto es que Ana exudaba valentía y yo no. Y también era cierto que nada me prevenía de tener felicidad deliberada.

Me puse una curita en el dedo, suspire y tome una maleta del armario, me seque las lágrimas después de comprender que YO estaba arruinando mi propia foto de nuevo. Mientras ponía los álbumes en su lugar oí como la llave mi esposo se deslizaba por la cerradura. Lo que dijo a continuación fueron solo excusas tontas. Yo ya no quería hacer preguntas, porque milagrosamente me las estaba respondiendo desde que había recordado mi viaje al Japón.
-Creo que nos estamos ahogando un poco- le dije solamente, mientras llenaba mi maleta con lo básico.

Tomé la foto y la puse cuidadosamente en mi libreta...desde ahora sería mi amuleto. Yo no tenía mucha valentía, ni coraje, ni resolución, pero sabía que en Japón había una mujer que me podía prestar un poquito de todo eso.
Y no voy a decir que mi vida iba a ser perfecta de ahí en adelante, pero ya era hora de salir al mundo. La valentía aunque prestada también es válida.

(Nota: Los hechos descritos son ficticios y no están basados de ninguna forma en la persona que aparece en la imagen)

viernes, 14 de enero de 2011

El Sendero de Don Juan

Pasajes San Juan 5 (y ya vale!!)

Foto por: Javi García
Texto: Alexandra Feo


Este es El Sendero al Mar, conocido entre los locales como el sendero de Don Juan hoy en día es un pueblo de pescadores y artesanos pintoresco y vibrante donde decenas de pescadores salen cada día al mar a recoger el alimento para sus familiar y para el comercio, la pesca es tan abundante que los huesos y cartílagos de los pescados son utilizados por los artesanos locales para realizar una artesanía típica y autóctona de esta villa, el sustento, la alegría y la salud no faltan, pero no siempre fue así.


Primera Parte

Cuentan los habitantes de estas tierras que un siglo atrás, la oscuridad, la carencia y el hambre gobernaban en esta villa, aunque pretendía igual ser un pueblo pesquero, era muy poco lo que los habitantes podían sacar del mar, poco a poco los habitantes fueron perdiendo toda esperanza y deseo de salir a la mar, los botes pesqueros comenzaban a deteriorarse debido al escaso sustento y lo poco que entraba debía ser destinado a un poco de pan y leche para las familias.

Un día antes de una tormenta que se disipaba a lo lejos se vio un pequeño bote pesquero rojo escarlata arribar a puerto, en el venía un hombre ya anciano con una tez manchada por el sol y manos como robles, desembarcó en el muelle que estaba desolado, todos los habitantes se encontraban en sus casas y la mayoría de los pescadores reunidos en el único bar del pueblo a orillas del puerto donde se podía ver ir y venir todo lo que sucedía fuera. 

El anciano hombre entró al bar, con un simple saludo de cabeza a los presentes se sentó en la barra y ordenó una cerveza.
-       ¿a dónde va?   - pregunto el hombre detrás de la barra -.
-       No voy, vengo - respondió el anciano -, vengo a probar suerte en la mar, las redes no me sacan nada en la villa de al lado desde varios meses y vengo a probar nuevas aguas.
-       No tendrá suerte acá, la mar está seca en estos lados, ya son años sin tener buena pesca, los botes ya no funcionan, las familias tienen hambre y los niños comienzan a enfermarse.
-       Bueno,  probaré de todas formas - respondió el anciano amablemente -
-       ¿Dónde se piensa quedar?
-       En la cima de ese sendero que ve allí.
Se levanto retomando su modesta mochila que consistía en una simple tela que enrollaba sus pocas pertenencias y se dispuso a salir del bar.
-       ¿Cuál es su nombre?
-       Don Juan.

Mientras Don Juan se alejaba por el sendero cuesta arriba la tormenta se desataba tempestuosamente con rayo y centellas sobre el puerto.




Segunda Parte

Un nueva mañana apareció en el  pueblo con un cielo despejado y un horizonte naranja ardiente aún en la oscuridad, 4:30 de la mañana y Don Juan comenzaba a bajar el sendero lentamente como su edad le permitía, llego al puerto, tomo su barca, salio al mar y al final de la tarde ya estaba de vuelta; entró nuevamente en el bar donde se encontraba el mismo cuadro del día anterior a su llegada, los pescadores atentos a su regreso de la jornada y el hombre detrás de la barra ansioso por hacer preguntas.
-       Buenas – dijo Don Juan-
-       Buenas, – respondió el hombre detrás de la barra – ¿tuvo suerte?
-       Así parece, necesitaré un par de hombres que me ayuden a desembarcar la pesca es muy grande y no puedo con ella.
-       ¿Cómo?
-       Muchos Jureles y algunas Palometas.

El bar quedo en silencio, los hombres atónitos miraban la situación incrédulos.

A la siguiente mañana a la misma hora el anciano se disponía nuevamente a partir sendero abajo, esta vez las luces de las casa estaban ya encendidas a temprana hora y mientras el recorría su camino se le unían el resto de los pescadores, de cada rincón de la villa, al tope del sendero, de las callejuelas de la parte baja del puerto, de todas partes, todos se subieron a sus barcas con sus redes preparadas, mas llenos de curiosidad que de esperanza, el hombre detrás de la barra observaba la escena con agrado y desconcierto.

Al final de la tarde todas las barcas regresaban a puerto, esta vez mujeres y niños esperaban ansiosos en la orilla, también el hombre detrás de la barra del bar, por supuesto; las barcas arribaban una a una con los rostros de los pescadores sonrientes, mostrando los pescados mas grandes alzándolos a la vista de todos, mayormente Jureles. El júbilo era enorme el desconcierto también. Día tras día se repetía la misma rutina , muy temprano cada mañana el anciano Don Juan comenzaba a descender por el Sendero al Mar arrastrando a su paso todos los pescadores de la villa guiándolos y llenándoles de expectativa y emoción por la nueva pesca.

Así trascurrieron meses llenos de buenos tiempos y prosperidad, un día  al regreso de la jornada algo faltaba ya las mujeres y niños no esperaban el regreso de los pescadores pues ya se habían acostumbrado a la buenaventura de cada pesca, pero era algo más lo que faltaba, Don Juan y su barca escarlata no arribaban a puerto, los pescadores desembarcaron y esperaron, pero el anciano y su barca no arribaban, algunos salieron de nuevo al mar en busca de Don Juan, regresaron y esperaron nuevamente y Don Juan y su barca no arribaban. Pasadas las horas toda la villa se reunió para salir en busca del anciano, ya era de noche subieron todos a la cima del sendero en donde el anciano se hospedaba en una pequeña casa que el decía quedaba al final de todo, después de la última casa, hasta allá llegaron y para su sorpresa no encontraron ninguna casa, fueron un poco mas allá de la última casa, caminaron un buen rato, pero nada, desierto, ningún destello de casa o civilización, perplejos decidieron embarcar de noche he ir a la villa de al lado de donde él decía venir a ver si había regresado o le habían visto.




Tercera Parte

A temprana hora de la mañana los pescadores regresaban de la villa de al lado con una noticia espeluznante que heló a todos, allá no le conocían, nunca le habían visto, un anciano de esa villa les llevo a ver la tumba de un famoso y ávido pescador, un hombre con la misma descripción de Don Juan que poseía una barca rojo escarlata igual a la que ellos habían visto y que había desaparecido en el mar unos 100 años atrás, los habitantes del pueblo levantaron esa tumba pensando que algún día regresaría y podría descansar allí, la inscripción de la tumba decía:
Don Juan
pescador ávido de Jureles
1820-1913.



Nota del autor: Este historia encerró un verdadero misterio escribirla. Después de terminada fui a la foto en cuestión para ver que titulo le había puesto el fotógrafo, para mi sorpresa se llamaba "Pasaje San Juan" sin que yo hubiese advertido esto antes de nombrar al personaje principal Don Juan ni escoger como título El sendero de Don Juan. O_O

jueves, 30 de diciembre de 2010

ANTES DE DERRETIRSE

Hombre de Nieve... en Amsterdam


FOTO POR: ALEXANDRA FEO

TEXTO POR: VICTORIA PINTO



5:00 am. Invierno, frío para congelarse, la Nevada ha pasado ya y los radiadores de las casas prenden a su máxima potencia. Un diciembre más. Nada florece, todo duerme bajo la nieve.
Las tibias luces de los farolitos alumbran tenues la calle de las flores, así es, en primavera esta será la calle más Florida de todo Ámsterdam, pero no ahora, no hoy, hoy los arboles hibernan bajo densas capas de escarcha sin parecer molestarse. Ellos aceptan bien el cambio, saben que ningún invierno viene igual a otro y parecen disfrutarlo. Cuantos quisieran tener la flexibilidad de la naturaleza en sus corazones.

Yo miro por la ventana. Como siempre, es la mejor manera de recoger historias. Así empiezo el día mientras me pregunto como otros comienzan el suyo, aunque hoy por ser el primero del año nadie sale, todos dudan bajo las cobijas. Si, ha llegado un nuevo día pero se está tardando en comenzar. Los pájaros que se atreven a salir cantan en algún rincón que no puedo ver, entrecierro los ojos para enfocar todo lo que pueda a la mayor distancia posible. Hoy quiero verlo todo.

Decido cambiar de ángulo en la ventana y al hacerlo aparece tres casas más adelante, muy tranquilo y meditabundo, un hombre de nieve. Y yo que pensaba que nadie se había levantado hoy, -que buena suerte tiene- pienso. Ha podido ver el amanecer sin morir de frío, en cambio yo, que me he quedado despierta no tuve la valentía de salir a la calle a mas de 10 grados bajo cero.

Pero ahora hay sol y me dispongo a salir y ofrecerle una taza de café. Mi cama está arriba, alguien la está calentando para mí y sé que puedo ir cuando quiera, de modo que 15 minutos en la absoluta frialdad del polo norte no me parecen una mala perspectiva, siempre y cuando pueda averiguarle algo al hombre de nieve. Se ve soñoliento y ahora bosteza. Creo que me ha visto.

El café está listo, yo me pongo el abrigo, las botas, las orejeras de Mickey mouse, los guantes de cuero y salgo desprevenida. El sabe que voy por él, y no intenta moverse de su sitio. El frío me golpea la nariz como si me hubiera dado un cabezazo, me he olvidado la bufanda, que tonta tonta soy, trato de meterla entre las solapas del abrigo mientras camino con la taza de café en la mano izquierda, cuando llego a la entrada de la tercera casa ya se ha enfriado.

-Feliz año nuevo!. El hombre de nieve me recibe y me agradece por la taza de café. Le digo que me alegra ver a alguien levantado. El me explica que no tiene mucho tiempo y que siempre había querido ver la salida del sol el primero de enero. Yo le cuento que ese fue uno de mis propósitos de este año, y que lo tengo anotado en un papelito que escribí la noche anterior -ver la salida del sol el primer día del año fue uno de mis propósitos de año nuevo, mira, lo anote en este papelito- dije sacando el papelito
-claramente no lo pensé bien.... No fui capaz de salir, hacía mucho frío-
-Me hubieras hecho compañía- dijo el hombre de nieve mirando hacia el infinito. Le advertí que no mirara directamente al sol o se enfermaría. El me respondió que le hubiera gustado tener una lista de propósitos de año nuevo, luego hizo una cara de tristeza mortal... Me dio mucha pena por el.
-Hagamola! - Dije sacando el lápiz que invariablemente tengo entre los bolsillos.
-No vale la pena... Me derretiré en febrero-

-Oh... – recuerdo que es un hombre de nieve y que tiene los días contados. No debí decir aquello de la lista.
-Vamos a hacerla de todas formas!- Dice el de repente, emocionado. Yo saco mi lápiz de nuevo y el empieza: -Quiero aprender a tocar la guitarra, aprender a bailar tango, adoptar un gato, viajar a sur América, ver las pirámides, cantar en público, bajar de peso (tengo unas cuantas bolas de nieve de mas aquí arriba)…- dice señalándose el pecho, habla cada vez más rápido y con más emoción, yo anoto con mi mano entumecida que se ha atrevido a salir del guante de cuero, tratando de no perder un solo detalle.
-…bañarme en el mar, ver florecer los arboles de esta calle, enamorarme, acariciar unos cachorros, y bueno todas las cosas normales que hacen los seres humanos-

Los dos nos quedamos en silencio sonriendo ensoñadoramente hasta que al revisar la lista le advierto
-pero... Hombre de nieve... Estas cosas no son las que hacen los hombres...normalmente-
-Ah no?- Dice extrañado. -Que hacen entonces?-
-pues... Vamos al trabajo y luego a casa... Y tomamos café y también vemos tv..., pero la verdad es que no hacemos toooodas esas cosas al tiempo, ¡algunos no las hacen en toda una vida!-
El hombre de nieve piensa por un momento -entonces, creo que no quiero hacer las cosas que hacen los humanos tanto como pensé...-
Tuerzo la boca pensativa -Yo a veces, tampoco-
Luego me alcanza su bufanda roja para que pueda cubrirme la nariz, fue muy amable de su parte.
-Tal vez si viajas hacia el norte no tengas que derretirte y podrías existir durante todo el año. No te podrás bañar en el mar nunca, pero te enviare fotos de los arboles floreciendo y podrás adoptar un gato y acariciar unos cachorros en el viaje-
-Tienes razón, tal vez lo haga- dice levantándose, y caminando se aleja de la Calle de las Flores. Yo camino hacia mi casa arrastrando las botas, con el olor a nieve en mi bufanda regalada, y pienso que no se tocar la guitarra ni me atrevo a cantar en público.

Me meto bajo las cobijas y digo en voz alta, -hace mucho que no vamos a la playa.-
Pero este año va a ser diferente, voy a ser de nieve, voy a disfrutar cada segundo, antes de que me derrita.

Y voy a adoptar un gato.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Agustina... y Adolfino

Encontrando la Suerte en el Amor...


Antes de marcharse de su ciudad Agustina fue a la tienda de tatuajes y se tatuó un trébol de cuatro hojas en el cuerpo; lo hizo como una autómata, los últimos meses en ese lugar la estaban ahogando ya no hacía nada con sentido, simplemente lo que deseaba y quería al despertar, eso hacía; sin saber por qué y segura de que era lo que debía hacer se estampó con tinta permanente lo que ella reconocía como un símbolo de buena suerte, lo único que le quedaba, la suerte. La noche antes de partir escribió una lista con las cosas que deseaba y entre ellas la número 58 decía, “un gran toque de buena suerte”.

Su llegada al otro mundo estuvo curiosamente marcada desde el principio por una serie de acontecimientos productos de una buena suerte inexplicable, sabiendo que huyó con todo su vida en dos maletas, apenas centavos para sobrevivir, sin lugar donde vivir y un porvenir  incierto, no encontraba otra explicación a toda la buenaventura que le estaba ocurriendo mas que a la buena suerte... como haber tomado un baño en un mar de tréboles.

Finalmente llegó lo que parecía ser el verdadero destino de esa huída repentina, la materialización del deseo número 58 de la lista, la consecuencia directa de haberse impregnado con tinta verde aquel trébol.

Venía de un lugar no muy lejano y legendario con un par de ojos verdes muy grandes y una mirada carente de cualquier tipo de humanidad mas bien etérea y básica, como si acabase de llegar a este mundo y no perteneciera a esta estirpe; su nombre era Adolfino, sus formas no tenían ningún tipo de impostura o arrogancia humana, tampoco se podía divisar ninguna actitud estudiada o premeditada.

Agustina  lo saludo, lo tomo de la mano, le contó su vida y  lo aceptó como si fuera uno mas, aún sabiendo que no era parte del mundo que conocemos; entre largas caminatas y museos se siguieron conociendo. Él nunca dio detalles o información del lugar de donde provenía realmente, le contaba y le describía pasajes de su infancia y su vida aparentemente comunes, ella escuchaba en silencio y atenta pero no creía una palabra de lo que Él decía, convencida que no era de este entorno, tal vez ni siquiera de esta galaxia, sin embargo no le dijo nada, también convencida que el tampoco lo sabía, eso no importaba, después de todo había conseguido lo impensable lo mas difícil, el trébol de cuatro hojas dentro de un mar de tréboles, la suerte en el amor.

Así pasaron los días y los años, los dos caminando uno al lado del otro,  encontrando, buscando, conociendo otros mundos y universos sin separarse por un solo día el uno el otro, sin comentar jamás de donde realmente Él venía y a donde la llevaría una vez llegado el momento.

Cuentan que a veces son vistos por allí, entre grandes ciudades, visitando y observando pero a los pocos días ya nadie los vuelve a ver


Foto: Victoria Pinto
Texto: Alexandra feo

jueves, 25 de noviembre de 2010

Lo que ve un banco de parque...

En el banco

El aire estaba frío, Lila se abrochó el abrigo hasta el cuello botón por botón con movimientos mecánicos mientras su mente pensaba en otra cosa. Los ojos fijos en la ventana llenos de ensoñaciones sin reparar realmente en la rutina callejera, las manos tiesas por el frío tratando de enguantarse mutuamente con la flexibilidad a medias perdida por la temperatura y la conciencia sumergida en la incertidumbre.
La bocina del taxi que llegaba la hizo sacudir bruscamente, salió apresurada sin poner llave a la casa ni despedirse de nadie.
Las ventanas empañadas del taxi la obligaron a dibujar dos círculos en el cristal, uno para cada ojo. Había estado nerviosa desde el día en que había recibido el mensaje de texto más inesperado del mundo, (de su mundo) "voy a estar en tu ciudad el viernes... Que dices, nos vemos?"
Que difícil había sido escribir ese “si” tan tembloroso, sin embargo no había otra cosa que hubiera podido responder. Estaba hecho, se verían y punto. Y aquí estaba ella en el asiento trasero de un taxi, rumbo a lo desconocido.

Los rastros de inseguridad desaparecieron al segundo de poner los pies en el suelo, ya no había vuelta atrás, nada la haría girar sobre sí misma. Caminó derecho hacia el parque que se perdía entre matorrales bien arreglados y suspirando atravesó el sendero verde-acuoso que la separaba de los bancos donde tantas veces se sentaran viejos a leer o simplemente a existir.
Podía verlo desde atrás, la cabeza pequeña, el corte exacto, las orejas pegadas, la espalda recta, los músculos expectantes en una posición que trataba en vano de reflejar indiferencia. No había lugar a confusiones, era el único banco ocupado.

Al acercarse Lila no sintió la vergüenza propia de alguien que va saludar a un desconocido, más bien sintió la pena de alejar a alguien amado de sus pensamientos, como si ya supiera que son lo más preciado para él. No dijo nada, llego al banco sin hacer ruido, los ojos de él se levantaron con prevención, tenía las pestañas largas y la nariz pequeña, era adorable, justo como ella lo había imaginado, sonrió con dulzura para cortar el hielo que él estaba sintiendo.

El saludó con emoción y se movió hacia un lado para dejarle espacio en el banco, Lila no dudo en sentarse, y se tomaron de las manos. Pero la energía fue muy fuerte y Lila no pudo soportarla, soltó sus manos rápidamente y se quedo mirando hacia el frente con los ojos mojados; el ya sentía la confianza suficiente pero aun así no hubo abrazo, le pareció que no habría abrazo en el mundo que calmara las emociones que este pobre y simple banco de parque estaba soportando.
Entre todas las cosas que hubiera podido y que hubiera sido más apropiado decir, Lila escogió estas: “si hubiera sido mía, yo también la extrañaría”.
Y Juan, sentado al otro lado del banco sintió de nuevo como la vida se le acababa y le volvía al momento siguiente, era un sentimiento repetitivo que había aprendido a controlar - desde que te conocí ya no quise morirme todos los días durante las 24 horas del día-
-de cualquier forma tenemos que ser discretos, se supone que los miembros del grupo de apoyo nunca deben involucrarse, no hasta un año después de terminado el contrato-
-te aseguro que te sorprendería saber el número de veces que esa regla no se cumple- dijo Juan sonriendo.
-no creo que todos sean tan persistentes como tu-

Habían entrado en confianza, una confianza tibia como para agarrarse las manos de nuevo.
-cuando te oí por primera vez en el teléfono no pensé que te fueras a ver así- reconoció Lila, -como me imaginaste entonces?
-mmm...siempre imagino a las personas tristes de una forma determinada, pero tú fuiste diferente, tenias la voz de alguien de 17 años que había perdido a su perro... O algo así, estaba lista para transferir tu llamada cuando me dijiste lo de tu esposa, se me heló la sangre y te imagine rubio, con el pelo liso, largo y revuelto, la barba de un mes, y las ojeras profundas y moradas, alguien que en medio de todo se veía bien-
Juan la escucho sin decir nada mientras recordaba, a veces sonriendo y a veces con tristeza
-bueno, pero solo soy Juan... Y ya-
-no me decepcionas Juan-

Hubo un silencio comprensivo y cómplice, Lila fue la primera en mover los ojos hacia otro lado, de pronto pensó en dejar algún recuerdo de este momento y busco con afán entre su cartera-
-Que buscas?-
-Esto!- Unas pequeñas pinzas plateadas salían de sus dedos. Con fuerza las empuño y empezó a escarbar en la madera verde del banco "aquí se conocieron Lila y Juan, el 7 de noviembre”
Juan dio un suspiro, por un momento se sintió aliviado después de no entender porque esta desconocida al fin y al cabo, buscaba afanosamente entre su bolso y al final terminaba sacando unas pinzas.

Le quito las pinzas de las manos procurando hacer el mayor contacto físico posible y prosiguió escarbando: "después de que Lila lo sacara del limbo"
Lila se encogió de hombros con modestia - no hice nada, solo te oí un rato... Durante muchos días. Y después me empezó a gustar lo que estaba al otro lado del teléfono, ya te lo he dicho... Probablemente no hubiera sido una buena terapeuta con alguien que no tuviera una voz como la tuya, que no me hubiera llamado la atención tanto como tú"
-entonces yo he sido tu mejor paciente-
-es difícil ayudar a alguien que no conoces, sabiendo que está desesperado, de otra forma no habría marcado los números del teléfono del centro de ayuda. Te dejan lo peor, cuando alguien llama es porque ha tocado fondo, es un trabajo de vida o muerte... yo prefiero la prevención, trabajar con el paciente para que nunca llegue a ese punto donde se siente tan solo, tan a punto de desistir que lo único que atina a hacer es marcar números en el teléfono, ya no le importa la vergüenza, ni que el mundo sepa su desgracia... por eso renuncie-

Juan la miraba sorprendido de sus palabras certeras, le hizo notar que nunca había hablado sobre ese primer día, ella le explico que nunca se había atrevido a contarle lo que pensaba de algo tan triste para él.
-no fue triste, me hablaste como si yo fuera lo más importante que te había pasado en la vida-
-quería abrazarte- dijo ella bajito como quien no quiere la cosa
- me tienes aquí...-
- entonces te voy a abrazar, está bien?

Hasta el banco parecía estar feliz, y es normal, todos queremos presenciar un momento importante de vez en cuando.
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Foto enviada por Alexandra Feo.
Texto por Victoria Pinto.