lunes, 2 de mayo de 2011

Y ustedes, para donde van?


FOTO DE ALEJANDRA



FOTO POR: ALEJANDRA CLICK (Gracias!)
ENVIADA POR: ALEXANDRA FEO
ESCRITO POR: VICTORIA PINTO


Hace un año salimos de la casa emocionados, Lola, los niños y yo. Cargaba un balde con herramientas para jugar en la nieve, formar bolas, construir muñecos, etc. Ellos sonreían emocionados mientras el aire fresco nos llenaba la nariz. Solo bastaba subir una colina y aparecía, siempre imponente el paisaje blanco de todos los diciembres. Les entregué el balde mientras que yo me tumbe en la nieve.

Hoy estaba aun más maravillado con el paisaje, era tranquilo, oloroso, suave y al mismo tiempo simple.
Por un momento pensé... Que ese había sido el momento más tranquilo de mi vida en el último año, aquí, en este lugar donde el mar humor se repliega sobre montañas de nubes blancas. Aquí el ojo no cuenta sino con la armonía del paisaje interrumpido a veces por un traje multicolor. Y si que se siente la libertad.

Allí tumbado me fundí en mis propios pensamientos, las orejas se me llenaron de copos de nieve que me hacían escuchar todo como un murmullo lejano y pensé... Que tal quedarse así toda la vida?
Pronto se congelaron los lóbulos y decidí levantarme. Mas allá junto al pino los niños jugaban emocionados, Carolina levantaba palos y enrique los apilaba. Y Lola los observaba miedosa de que se hirieran con alguna astilla. Yo estaba lejos… y es que así había permanecido durante más de un año, desaparecido.

Porque yo tenía otros planes. Lola y yo recorreríamos el mundo juntos, yo lo tenía todo planeado: trabajaría un par de años y luego buscaría un ascenso que nos llevara a vivir a Los Ángeles, donde las navidades son tibias. Compraríamos una casa de color amarillo pálido y nuestros hijos aprenderían a surfear antes que a caminar.
Pero luego nació Carolina y yo me volví descuidado, solo ansiaba la hora de llegar a casa para darle un baño de tina y verla sonreír, con suerte tal vez tomar una copa de vino con Lola. Luego llego el trabajo extra y no quise tomarlo, estaba demasiado cansado. Aun así cada mañana fantaseo con esa vida tan planeada.
Soy prácticamente el trabajador mas descuidado y negligente de la empresa, aquel que nunca acepta trabajar un sábado y que pide 5 licencias al mes... No soy exactamente el mejor candidato a un ascenso con reubicación en L.A.

Pero con dos hijos y un ama de casa era impensable arriesgar ese estilo de vida. A mis 24 hubiera dormido en una colcha en el suelo y hubiera trabajado asando hamburguesas solo con tal de viajar por el mundo, pero ahora... No solo eran mis sueños los que estaban en juego.

Y yo adoro la buena vida, que puedo decir? Estos días nevados y quietos me fuerzan a recordar lo que yo quería originalmente, esa dirección que se ha convertido en un recuerdo lejano. Me encantan esos pequeños momentos de felicidad que la vida me da como una pista de lo que vendrá después. Adoro el aire tibio y con olor a mar, me relajan esos circulitos tornasolados de sol que puedes ver entre tus pestañas con los ojos entrecerrados, amo los paseos en auto y sostener la respiración bajo el agua en un día de verano. Amo todo lo que me abstraiga del mundo y le quite realidad, adoro todo lo que le robe contundencia a mi vida y se la dé a las cosas realmente inamovibles, como que la noche suceda al día. Me gusta el sonido de fondo y las conversaciones a susurros casi imperceptibles.

Quiero que la vida me arrulle. Y ese día me canse de esperar el ascenso por el cual nunca había trabajado. El sol se reflejaba en mis pestañas invitante como diciéndo “hazlo ahora!”. Extrañaría esa nieve blanca que parecía gustarle tanto a mis hijos?

Me acerque a Lola con expresión de acontecimiento y ella sabía que tenía algo importante que decirle.
-Sabes querida? Creo que deberíamos hacerlo…
Vamos para L.A.-

Lola me observaba resignada.
-Si, tal vez no podamos vivir a la orilla del mar, pero estoy seguro que encontraremos un buen sitio, y yo buscaré algún trabajo como representante de ventas-

Lola se lo pensó un momento, me vio con ojos compasivos, luego sonrió al ver a nuestros hijos jugando en la nieve y dijo
-Tienes razón… que te parece si vamos a casa, y lo hablamos con un chocolate? -

Me tomó de la mano y volvimos a casa. Yo siempre he sido muy cómodo y ella muy práctica.

Más este año no va a suceder lo mismo. Estamos a punto de salir con el típico balde de todos los años. Sé que estaré en el mismo punto, presenciando el paisaje, y me he dado cuenta de que es tan majestuoso que me hace recordar lo linda y simple que debería ser la vida para mí. Hay cosas tan perfectas en el mundo que deberíamos estar disfrutándolo, pero eso es lo que yo creo. Y ustedes? Para donde van?.

viernes, 15 de abril de 2011

La Última Foto de Samuel.

blanco

Foto por: Maria Luisa Miranda Rodriguez (mejor conocida como Marisina Miranda y para nosotras Mari)

Enviada por Victoria Pinto (cariñosamente Vicky Pin)
Texto por Alexandra Feo


Lo último que se supo de Él es que compró una botella de agua en el último pueblo con habitantes antes de llegar a la cima, regaló todo el contenido de su mochila a los niños de ese pueblo, les dejó una cuantas monedas para golosinas y prosiguió sus andares. Cuentan los habitantes del lugar que no iba triste, tampoco contento, no tenia ni buena ni mala cara simplemente iba.

Samuel era un discípulo de socrates en tiempos modernos, no creia pertenecer a ningún territorio en específico, se consideraba un ciudadano del mundo desde pequeño nunca tubo sentido del patriotismo mas bien del universalismo. Ya de niño pasaba largas temporadas en otros tierras distintas a donde nació de manera que siempre tubo el entendimiento que habían otras culturas, tierras y gentes mas allá de lo que el veía cotidianamente, cuando creció y tuvo la independencia y el dinero suficiente para viajar sólo por su cuenta, recogió un par de valijas y se fue para no volver mas a esas tierras, nunca imaginamos que no regresaría jamás a ninguna tierra.

Recorrió el mundo sobre sus pies, por tierra, aire y agua, grandes y pequeñas ciudades, territorios conocidos y desconocidos, descubrió, ojos, miradas, pieles, razas, lenguas, mentes, humores, olores, sensaciones, sudores, sabores, sin sabores, gustos, colores y razones. También, vio de cerca la desolación, la deshumanización, la opresión, los desfavorecidos y los favorecidos, la insensibilidad, el abuso el atropello. En India vio como enfermedades milenarias ya creídas desaparecidas aún azotaban la población, presenció estancamientos de tráfico de bicicletas en la plaza central de Katmandu en un perímetro de tan solo 10 metros todos los días a la hora pico, vio la pobreza absurda de países millonarios exportadores de petróleo y la riqueza inmensurable de pueblos productores de arroz. Viajó al norte y al sur, al este y al oeste, estuvo en territorios donde podía estar y donde no podía estar también, miró de cerca las pupilas de los habitantes de distintas naciones para tratar de entender sus sueños, temores y lógica.

Los primeros años todo era una aventura, un aprendizaje, emociones y recolección de datos, luego de un tiempo todo perdió el sentido, entendió que todo se movía en ciclos idénticos que se repetían una y otra vez sin que a la gente le quedara mayor aprendizaje ni interés alguno en estudiar la historia para aprender del pasado. Entre cosas buenas, no tan buenas, malas y no tan malas, después de tanto rodar, y mirar estaba claro para Él.... era suficiente, nunca dijo si era suficiente de lo malo, de lo bueno, de viajar o de observar, simplemente decidió que era suficiente. Tomo la ruta que llevaba a la cima sin equipaje alguno, solo conservó la cámara y el trípode, lo instaló, al llegar a su destino activo el dispositivo de tiempo y se echó a andar, la cámara hizo su disparo final y esta fue la última fotografía que quedo de Él. Fue conseguida meses mas tarde por un equipo de escaladores que pasaban por el lugar. De Él se sabe poco no mucho mas allá de lo amable que era, sencillo y no muy conversador, nadie lo a vuelto a ver, nadie ha conseguido su cuerpo no se sabe si vive o no, no hay rastro alguno que nos lleve a su paradero ni forma de saber ¿qué era suficiente?.

Nota de la autora: Gracias por todo el apoyo y aliento que he recibido y sigo recibiendo de conocidos y desconocidos en tiempos tan difíciles para mi, mis eternas gracias.

martes, 15 de marzo de 2011

AHORA CREO EN MAGIA

Little Flowers

Una introducción:

Alex no ha podido venir hoy. Para los que la conocen un poco saben que vive en Japón y por obvias razones no tiene el tiempo. Pero está bien! y volverá apenas pueda.
Me ha pedido que ponga el siguiente link de Ayuda al Japón en el cual pueden hacer una donación a la cruz roja Japonesa. Si lees este blog y tienes recursos disponibles puedes poner un granito de arena que sera profundamente agradecido.
Para no dejarlos sin cuento, he puesto una historia de archivo que escribí en el 2002, cuando tenía 17 años y empezaba a estudiar Diseño Industrial, de ahi tanta referencia obsesiva por el diseño. sí que hoy la foto corresponde al escrito y no el escrito a la foto.

Sin más preambulo...

AHORA CREO EN MAGIA

Iba caminando bajo la lluvia, a pesar del paraguas el agua buscaba la forma de llegar hasta su abrigo, -tengo que buscar refugio-, pensó.

Miró hacia los dos lados escrutando el camino vacío. Se esforzó un poco más y encontró una señal –Eat ,drink, shop- leyó con dificultad –1 Km.- . No había más que hacer, caminar, tal vez correr.

Cuatro semanas antes Camila buscaba a Renoir por las galerías del museo. Ya lo había visto más de cien veces pero el lugar era su santuario, sus interiores la relajaban.

Su vida itinerante la había llevado a recorrer todos los museos y establecimientos posibles hasta el límite de la ciudad, pero este en especial era la arcadia de su mundo, la mansión de la inocencia y la felicidad.

A lo lejos un hombre distrajo su atención, su apariencia obedecía a un estereotipo, al mirarlo sabía exactamente lo que hacía, como pensaba, que vestía cada día, el auto que conducía -CEO, millonario, confundido tal vez por la crisis de mediana edad, ropa de diseñador, abrigo de cachemira, dos hombres en la puerta lo resguardaban, de eso estaba segura, casado?, no podría decirlo con seguridad. – Veredicto: impresionante, cliché definitivamente, predecible- se dijo a si misma

El la observaba también interesado, después de se le acercó –puedo hacer desaparecer una moneda- le dijo -no creo en magia– respondió Camila –que vaga forma de comenzar una conversación-
-podría hacer Magia solo para usted- insistió el
Ella se alejo.

Pronto se había hecho tarde para que llegara a su trabajo. Trabajaba como decoradora en una importante empresa y tenía dos clientes esperando por una propuesta. Era un día importante, su exposición la llevaría a obtener la cuenta de remodelación de la casa de una persona muy importante, o de la decoración de la nueva sede del ayuntamiento. Si obtenía las dos tendría que pensar muy bien cual escogería, no podría dedicarse a las dos.

En una sala llena de personas ella sería la única que hablaría, el meeting de diseñadores que se desarrollaba en la siguiente sala la ponía mas nerviosa que nunca, había demasiada competencia. Que pasaría si al alcalde no le gustaba su propuesta ? y si todos resultaban tecnofobos?, o futuristas?. Necesitaba tiempo, corrió a la cafetería, de cualquier forma el cliente principal no había aparecido hasta ahora, no sabía ni quién era.

Sentada sobre una mesa para poder ver mejor a la gente llegar, se tomaba un café, la vidriera era lo suficientemente amplia como para que la gente se detuviera a mirarla.... -La vidriera- pensó – transparente, liquida, es una barrera entre la seguridad del interior y la inseguridad de la intemperie, o una vitrina en donde todos me miran, un mausoleo de cristal- y si llovía afuera? La gente la envidiaría, sería entonces un refugio. Este pensamiento la ayudaría a soportar el porque de las vidrieras en el diseño.

-Otro estereotipo- pensó al ver a un hombre que entraba en el edificio por la puerta principal y que se quedaba un momento mirándola. Era el hombre del museo, el loco de la magia, recordó haberlo visto, no estaba mal del todo. Se veía incoherente allí, como averiguando algo, no podía ser alguien mas que su cliente.

–mi cliente principal acaba de verme sentada sobre una mesa, sin zapatos y con los pies sobre una silla- le dijo a la cajera quien sonreía mientras Camila pagaba su café.

Al llegar a la sala lo primero que vio fue la mirada tranquila del señor Cantillo, su cliente. – Buenas tardes señor Cantillo- saludó respetuosamente Camila.- Buenas tardes, perdone mi conversación en el museo, pero todo lo que dije fue en serio – así Camila confirmo que era un hombre perturbado.

Al cabo de dos horas había ganado las dos cuentas. Tomo el trabajo con el señor Cantillo y desechó el ayuntamiento. Él le ofrecía total libertad creativa mientras que en el segundo tendría que usar floreros de porcelana y lámparas Tiffany obligatoriamente.

Revisó los planos de la casa una vez más antes de poner manos a la obra. Podría recorrerla con los ojos cerrados, tenia en su mente la apariencia de cada rincón de esa casa, sabía exactamente que tono de amarillo utilizar en la sala, en que tono de azul iría el altillo voladizo. Se preguntó una vez más, porque había prácticamente vivido en esa casa sin nunca haberse encontrado al señor Cantillo, y porque jamás habían hablado desde ese día en la oficina.

Su amigo Ernesto entraba por la puerta, y Camila le hizo la misma pregunta
-sí, es extraño, antes no te determinaba, y ahora no quiere recogerte para escoger los azulejos del baño-

-----o-----

Al obtener la cuenta Camila tuvo que ir a la casa muchas veces más sin lograr ver nunca al señor Cantillo.

Cuatro semanas después recorría una vez más la casa casi terminada. Sentía como si fuera de ella para siempre, cada pared estaba llena de su estilo, cada piso y cada ventana, como si todo lo que había tuviera su firma, como en los cuadros del museo.

Se sentó tranquilamente a admirar su obra. La terraza era en lo que más la orgullecía. Los prismas que había puesto en la ventana reflejaban todos los colores posibles cuando el sol los atravesaba, una composición con flores embellecía el jardín y el bulevar a lo lejos completaba la panorámica. Quería privacidad con su obra en ese momento pero fue imposible, el señor Cantillo se asomaba por la puerta para felicitarla.
-lo ha hecho muy bien, hay personas con sentidos especiales, como usted. Tal vez la recomiende a mis amigos- prosiguió - ha convertido mi casa en un jardín urbano-
dijo fastidiado - pero no se preocupe, usted no sabía sobre mi aversión por las flores, y nunca la deje preguntarme - Por lo demás esta perfecto, se puede ir-

A Camila le pareció totalmente ruda su manera de hablar, había sido despectivo, y ahora la echaba de la casa sin haberle dado las gracias. El señor Cantillo le entregó el pago en efectivo. Camila lo recibió sin decir nada. Observo los estantes que tan exquisitamente había decorado por ultima vez y considero su tiempo desperdiciado si se quedaba un poco mas. Se distrajo con la diagramación de los billetes un momento, parecían billetes sacados de un sueño -son billetes de China, valla a la casa de cambio y... cámbielos- le aclaró Cantillo.
Salió por la puerta principal sin decir adiós. Algo la alejaba de aquella casa ahora.

En el camino solo una línea la separaba del Eat, Drink, Shop, había ido allá una vez, se alegro de volver a aquel restaurante mientras la lluvia le mojaba el abrigo.

Estaba muy molesta con Cantillo, ni siquiera le había insinuado llevarla hasta su casa. Todavía divisaba la casa de él desde allí.

Miró una vez más y siguió caminando. Al girar la cabeza hacia atrás le sorprendió que el señor Cantillo viniera siguiéndola por el camino. Se detuvo a esperar.
El se detuvo también. Los dos admiraban la casa a lo lejos. De repente el sol apareció de nuevo, Camila sonrió.
–Sabe? Permítame hacer algo solo para usted- dijo el
-porque?-
-no me gustan las personas que no creen en magia-
-y?- dijo Camila que empezaba a desesperarse con la obsesión por la magia.

Cantillo la miro a ella y luego a la casa. Camila miró la casa también. La casa... la casa. Donde estaba la casa?
–Donde está su casa?- dijo en voz baja, y luego sospechó que no volvería a aparecer y pregunto desesperada -la casa?- pero Cantillo se alejaba decepcionado a gran distancia por el camino.
Estaba asustada, de la casa que había estado decorando durante cuatro semanas ya no quedaba sino un jardín. Al meter la mano en el bolsillo encontró una nota “Lo siento, no puedo hacer desaparecer las flores. No olvide que no todo lo que se puede ver, existe. Y viceversa. J.M.Cantillo”

Revisó el dinero, apenas cubría el precio de las flores. Lo demás había desaparecido.
Decidió renunciar a su trabajo al día siguiente, estaba cansada de levantar castillos para otros. Se tumbo en el jardín remanente de Cantillo y recordó que ahora creía en otras cosas.

martes, 1 de marzo de 2011

POR ESTA VENTANA DE JEREZ LA IMAGINARIA...

Foto Asun

Foto por: Asún

Enviada por Alexandra Féo
Texto por Victoria Pinto
Para G por su cumpleaños. Gracias por prestarme el nombre, y que aunque no tenga nada que ver con la historia, también es un hombre maravilloso. Feliz Día!

“Por esta ventana de la ciudad de Jerez la Imaginaria, sale un viento helado, como para parar todos los pelos. La decadencia es inevitable. Ha soplado tanto viento como para sacar las cortinas hacia afuera, pero no ha tenido tanta fuerza como para hacerlas volver a entrar. En la calle los transeúntes se cambian de acera para no pasar por el frente, pero la energía es tan fuerte que se siente varios metros a la redonda… La sienten? Y la verdad es que la vida te cambia cuando pasas por el frente de esta ventana, donde un hilo invisible te voltea la cabeza para que escudriñes por unos segundos en la profunda oscuridad que esconden sus paredes.

Aquellos que tienen que ir hacia el centro de la ciudad se inventan excusas para pasar por esta calle y no otra, porque preguntarse es inevitable, que ha pasado allí? Cuál es esa historia? Donde ha quedado la opulencia de este edificio... Porque aunque envejecido se reconoce que ha sido grande en su tiempo, que no se sabe ya si es el mismo tiempo nuestro.”

“Casa real de Don Gonzalo de la Peña” reza una placa que reposa al lado de la puerta. Mis turistas se inclinan sobre ella como tratando de adivinar el paso del tiempo en el oxido que se acumula en las juntas de las bisagras
Yo me detengo sobre la acera y me recuesto sobre la reja de hierro mientras los miro regocijado.
-Y la alcaldía del pueblo no ha intentado su remodelación o su demolición?- Pregunta uno de ellos
-no, se ha dejado en orden escrita, que esta casa debe desaparecer de muerte natural. Y nadie se atrevería a interferir con esa orden.-
-Que quiere decir muerte natural- pregunta otro
-Quiere decir, que hasta que no se caiga la última piedra no se puede utilizar el espacio para ningún otro fin-
-Está bien, ya hemos visto la casa más antigua de la ciudad, ahora llévanos a los sitios interesantes-

Ha llegado el momento de trepar sobre una banca de piedra donde todos me puedan ver y advertir con voz misteriosa
"no soy un guía de lugares! Soy un guía de historias, quiere usted ver más que rejas antiguas y edificios de piedra? ha venido a descubrir el espiiiiritu de esta ciudad? (y lo digo literalmente), si quiere saber lo que esconden las paredes más que lo que cuentan las ventanas.... Acompáñenme"

Y ellos aplauden emocionados. Yo hablo mientras ellos me siguen embelesados

“Don Gonzalo de la Peña... un hombre guapo con mirada escrutadora, se lo pensó mil veces antes de venir a esta ciudad, y es que no se puede hablar de Jerez, la Imaginaria, sin hablar de Don Gonzalo de la Peña.
Vivía con su familia en un pueblo a las afueras, donde paso su niñez haciendo experimentos y aprendiendo a tocar la guitarra con maestría, a los 19 años su destino era un destino más: estaba prácticamente comprometido para casarse y hacerse cargo de los negocios de su padre.

Le gustaba reunirse con sus amigos para tocar acordes nuevos en el centro de la plaza, y así arrullaban las noches tibias de los martes. Más este martes corría un aire distinto, todo el mundo lo notó al ver que Don Gonzalo tocaba unos acordes completamente diferentes e inusitados que nadie parecía haberle enseñado, lo miraban cuestionantes mientras el paseaba sus ojos lejanos por el camino empedrado que venía hacia la plaza donde a unos cuantos metros venía la Señorita Hannah Carmona atraída por la música. Hija de un comerciante del pueblo y educada en Estados Unidos durante toda su vida, estaba recién llegada y carecía de modales tradicionalistas.

Don Gonzalo había recordado su amor por el conocimiento, él que siempre quería conquistar todo lo nuevo, hace mucho que no recibía un estímulo de esta clase. Pasados unos cuantos días Hannah y él se paseaban por las calles agarrados de la mano, se escondían en los rincones oscuros llenos de besos desesperados, ella lo acompañaba mientras el tocaba la guitarra las noches de los martes mientras los demás la observaban como si hubiera sido un animal extraño. Hannah vivía en casa de sus padres donde solo era acompañada por una empleada celestina que veía llegar a Don Gonzalo en la noche… pero nunca le veía salir.

Y así cuando Hannah decidió que era hora de venir a la ciudad Don Gonzalo trato de convencerla de no hacerlo, tenían su vida, sus negocios, su música, sus experimentos, pero Hannah necesitaba el mundo. No era que él nunca hubiera venido a la ciudad, era que estaba demasiado cómodo en su propio mundo. Pero no habría vuelta atrás, Hannah se mudaría a Jerez la Imaginaria, donde había opera, teatro, convenciones y festivales, donde el alcalde era amigo del Rey y donde ella tenía amigas. Lo haría sola o acompañada.

Don Gonzalo puso su casa en venta casi deseando que nadie viniera a preguntar por ella. Pero la casa se vendió. Puso su negocio en venta, casi deseando que a nadie le interesara. Pero el negocio se vendió. Se despidió de su madre y de sus amigos casi deseando que le pidieran que se quedara… pero adivinen… ninguno se lo pidió.
Así llegaron Hannah y Don Gonzalo a Jerez la Imaginaria, un 9 de Julio, ella rebosante de felicidad, y el buscando donde acomodarse. Se instalaron en el Hotel Mediterraneo en esa habitación grande que da a la calle. Al día siguiente Don Gonzalo había comprado para Hannah el edificio del frente, el de al lado de la iglesia… el que vemos aquí.

Y como Hannah y Don Gonzalo eran la pareja de moda, aún en ese tiempo la gente se las ingeniaba para pasar por esta calle, y no otra. Porque Hannah se sentaba en la ventana mientras las cortinas se abombaban con el viento, a saludar a los que pasaban, a leer un libro, a ver el atardecer, qué más da. Cuando se vestía de blanco solía confundirse con una nube que paseaba por el cielo, decían. En las tardes, cuando don Gonzalo volvía hacia su casa la veía siempre en aquella ventana y pensaba que solo eso necesitaba para alegrar el día y para vivir la vida.

Y hoy… era martes, martes de guitarra y Don Gonzalo volvía presuroso hacia su casa para encontrarse con algunos amigos, bajando por la pendiente que llevaba hacia su casa no pudo ver a Hannah como siempre sentada en la ventana. Al llegar a la puerta el corazón se le quiso salir del pecho. Tres hombres con guitarras en sus manos esperaban frente a la puerta. Después de haber tocado varias veces nadie había abierto. Don Gonzalo empujo la puerta angustiado, subió las escaleras a dos pasos solo para encontrar una nota que se mecía con el viento frío que entraba, a punto de salir volando. –“He decidido salir un rato… creo que iré hacia América. Lo he pensado mucho. Las horas del día pasan como años para mí y no puedo soportarlo. Me voy a ir una vez más, pero te prometo que cuando vuelva no me iré nunca otra vez, estaré junto a ti hasta el día que me muera. Volveré. Hannah”-.

La pobre de Hannah, debió haber sospechado que si hablaba de sus intenciones no lograría salir de Jerez la Imaginaria, siempre había sido impulsiva y estaba acostumbrada a vivir la vida sola y sin tener que complacer a nadie más. Don Gonzalo quedo impávido. Calculó que si seguía pensando en el asunto se volvería loco con la espera, y no se podía dar el lujo de perder la cabeza ya que cuando Hannah volviera, el debía estar en sus cinco sentidos para recibirla con el amor más grande del mundo. Tal vez si ella lo sentía no querría volver a irse.

Pero ninguna distracción era suficiente, sentía ganas de echarse a rodar por la montaña cada vez que se acordaba de ella. Se preguntaba sin cesar, cuando volvería?
Dejo su trabajo en el banco y se dedico a construir el primer observatorio de la Ciudad Imaginaria de Jerez, tan concentrado estaba que logro apartar sus pensamientos de Hannah durante algunos días. Cuando nadie lo veía, escudriñaba el puerto desde el observatorio para ver si algún barco nuevo había llegado de América.

Como el observatorio fue tan popular entre los ciudadanos, se hizo íntimo amigo del Alcalde y los diputados de la ciudad. Propuso construir la plaza central, si, la que ahora tiene una rueda de Chicago. La primera la diseño él. Hizo los planos para el primer museo de historia Natural y hasta el mismo armó los huesos de los dinosaurios. Creó el sistema educativo con el que estudian todos los niños de Jerez la Imaginaria ahora. Formó una filarmónica, puso un estudio de cine, organizo el sistema vial y trajo el primer tigre de bengala del zoológico. Si, el tigre que ustedes ven ahora, es biznieto de ese tigre.

Su cabeza corría a cinco mil ideas por segundo, era de lejos el hombre más brillante de la ciudad, y en secreto sus amigos sabían que era el hombre más brillante que quizá verían en todos su viajes por el mundo. Ayudaba a las abuelas con sus paquetes, siempre cedía la silla y era el soltero más codiciado por las mujeres.
Más todos los días a las 6 de la tarde cuando Don Gonzalo iba para su casa, miraba con esperanza hacia la ventana, esperando que Hannah estuviera allí con su cabello flotante, cada día con más esperanza y cada día con más decepción, se daba cuenta de que no estaba. Los martes después de tocar la guitarra iba al observatorio y revisaba si habían llegado barcos nuevos de América... pero Hannah no llegaba.

Un día al descubrirse viejo, achacoso y sin herederos pidió una audiencia con el Rey. Le pidió que conservara su casa intacta aún después de su muerte para que Hannah la encontrara un día como la había dejado. Como había sido un hombre tan útil para todos, el Rey dicto la orden de no tocar el palacete de Don Gonzalo de la Peña hasta que la última piedra se hubiera caído.

Don Gonzalo murió un día mientras observaba el puerto desde el observatorio, toda la ciudad lloró por él, había sido un hombre maravilloso. Su casa empezó a deteriorarse por el abandono hasta que algunos empleados oficiales recibieron la orden de ir a limpiarla y mantenerla. Al entrar, un viento helado los envolvió con fuerza… dicen que en esta casa se siente un escalofrío aterrador.

Arreglaron la cama, cerraron la ventana que da a la calle y limpiaron un poco el polvo antes de salir despavoridos, al alejarse calle arriba oyeron como el estruendo aterrador del viento volvía a abrir la ventana de par en par y hacía que sus cortinas blancas flotaran hacia afuera. Una de las empleadas dice que por unos segundos pudo ver la sombra de Hannah que los miraba con ojos furibundos desde el balcón.

Y es que Jerez la Imaginaria no hubiera sido lo que es hoy sin su partida. Don Gonzalo nunca perdió las esperanzas de que ella volviera, y tenía razón, porque si volvió, y ahí está.

Yo creo que están juntos.”

martes, 15 de febrero de 2011

Ruggiero

Paseando el perro

Foto por:  Vicky Pin
Texto: Alexandra Feo

Ruggiero quedo huérfano a muy temprana edad, quedando en la calle sin familia vagaba por las calles de la ciudad siempre acompañado de perros también abandonados. Como pudo se buscó la vida, limpiando zapatos, limpiando los vidrios de los coches en los semáforos, vendiendo flores, siempre trabajando y reuniendo el dinero suficiente para una comida al día y algo de resto para los perros. 


De esta forma Ruggiero se hizo hombre, al cumplir los 18 años se embarcó en un trasatlántico, donde consiguió trabajo en la cocina del barco, entre la tripulación era conocido como Ruggiero el perrero; nuevamente cuidando de los animales del barco, perros, gatos, ya no solo alimentándolos con sobras de la cocina, también cuidándolos de pulgas, limpiándolos y peinándolos, pronto Ruggiero desarrolló una gran habilidad para transformar un pobre perro desaliñado en una prospecto bello y dentro del barco comenzó a ser solicitado para atender, cuidar y acicalar  las mascotas de los pasajeros que viajaban con ellas; no pasó mucho tiempo para que se le ofreciera una nueva ocupación sacándolo de la cocina y dándole un espacio para que pudiese desarrollar el cuidado de los animales con esmero y comodidad y ofrecerlo como servicio dentro de los pasajeros. Por los próximos siete años esa fue la ocupación de Ruggiero, viajando el mundo, cruzando océanos, conociendo gente y sus mascotas, razas, cuidados especiales y las mejores técnicas para el arreglo de mascotas.

En un nuevo destino, una nueva embarcación y un nuevo pasajero, subió a bordo con una bella puddle, se llamaba Phillipa, adorable, dócil con mirada intrépida, el dueño de Philipa murió imprevistamente durante ese viaje, Phillipa quedo sola, huérfana, una vez más Ruggiero recordaba su infancia y años duros, solo y abandonado, pensó que no lo había hecho tan mal tomando en cuenta las trágicas circunstancias de su infancia y adolescencia, decidió que era hora de un nuevo cambio. En el próximo destino abandonó la embarcación en la que por años vivió, todos los despidieron con cariño, todos tenían un presente para él y una palabra de cariño, incluso recibió una buena paga y un bono otorgado especialmente por el capitán del barco. Con una simple bolsa de tela con unas cuantas camisas dentro y sus herramientas de trabajo, bajo a tierra en una nueva ciudad sin conocidos, ni amigos, solo él y Phillipa quien lo acompañaría por los próximos 15 años. Alquilo una pequeña habitación modesta y limpia en el centro de la ciudad, mientras conocía la dinámica de la ciudad y sus costumbres, a las pocas semanas Ruggiero se embarcó en el viaje mas importante de su vida, su sueño, alquilo un pequeño local, en el mismo centro y comenzó su propia peluquería de perros, pronto se convirtió en el peluquero de mascotas mas solicitado de la ciudad debido a su exquisito trabajo con los animales y su espíritu de naturaleza noble y amable.

De eso ya han pasado 25 años, hoy en día Ruggiero es el peluquero de mascotas mas famoso de la ciudad y sus alrededores, su clientes son las mas importantes celebridades de Hollywood, todo el que ama a sus mascotas quiere que sean atendidas y arregladas por Ruggiero, es entrevistado en programas, le han dado su propia serie de TV sobre mascotas, es el fundador de varias organizaciones para el cuidado y protección de los animales y un activista empedernido en la campaña contra el maltrato animal, en fin, Ruggiero el niño huérfano se convirtió en hombre prospero, amado por todos, ejemplar para la sociedad, al final de cada semana da un paseo por el malecón con Phillipita la hija de Phillipa quien falleció años atrás dejandole una pequeña cachorra como compañía, al final del malecón Ruggiero se sienta siempre a recordar y reflexionar sobre su vida, lo que ha sido y lo que es, siempre con la compañía de Phillipita impecablemente acicalada por supuesto con su lazos rosas preferidos. Ruggiero es un hombre pleno hoy en día, sencillo y tranquilo, a pesar de su próspera vida, nunca se casó ni tuvo hijos, aunque pudo encaminar su vida hay una parte de él que siempre quedo marcada por tan triste infancia prefiriendo continuar su camino en este mundo solo con sus perros... y esa es la historia de Ruggiero.

martes, 1 de febrero de 2011

VALENTÍA PRESTADA

Maiko
Foto por: Alexandra Feo. Kyoto 2010 Gion District
Texto por: Victoria Pinto (un cuento de 3 cuartillas, como un fín de semana de tres días)


Lunes - 04:22:
-Dame la paz señor, dame la lucidez, dame la tranqui.... Dame la tranquilidad- dije agarrando el amuleto de plata que había comprado para mantener la calma. Mi cerebro resonaba con voces agudas y graves que se intercalaban con imágenes del pasado. Las lágrimas no se detenían y yo ya estaba francamente agotada, con el corazón oprimido, preguntándome porque me estaba conformando con este estilo de vida, como explicarle al sentimiento que la razón tenía toda la razón en que debía irme de allí?

Iba a ser 3 días sin hablar con él, era un fin de semana largo.

Antes, el viernes
La ciudad era todo júbilo ante la perspectiva de un lunes libre. Todos estábamos ansiosos por salir de la oficina. Yo pasaría por el supermercado y luego sorprendería a mi esposo con una comida gourmet. También terminé comprando una tarta de volcán de chocolate que costaba más que la deuda externa del país, aun así era el mejor viernes de mi año hasta ahora.

No soy cocinera pero me las arregle para peinarme y maquillarme mientras se cocía la ternera. Puse la mesa y prendí las velas. Encendí el televisor a las 20:45, me quité los zapatos a las 21:30, me solté el push up a las 22:10, me puse una manta encima a las 23:00, lo llame a su celular a las 23:13, pero no contestó. Apague las velas a las 00:12 fantaseando con todas las cosas que iba a decirle. Le diría por ejemplo que me había hecho esto mismo hacía un mes, y hasta le iba a recordar esa cuarta cita en la que me había dejado plantada por salir con sus amigos. Si, hoy se lo iba a decir todo, estaba hecho y nada podría detenerme, incluso lo anoté en una libreta para no olvidarme de nada.

Desperté sobresaltada para descubrir con angustia que estaba sola, me lancé al piso para buscar mi teléfono. 03:28 y el no había llegado! No había ni una llamada perdida. El pánico me invadió, llame incesantemente pero su teléfono estaba apagado y no había nada que yo pudiera hacer. Posibilidades desde el secuestro hasta el accidente de tránsito se barajaron en mi cabeza y a veces, durante breves segundos la infidelidad. Después empecé a pensar con claridad, si hubiera pasado algo malo ya me habría enterado, salir a las calles como una loca a las 4 de la madrugada no era algo inteligente. Lo más inteligente hubiera sido tal vez volver a dormir hasta las 11 de la mañana.

Puse la alarma a una hora prudente para empezar a llamar amigos y conocidos sin sonar desesperada, esto había pasado antes y no quería que se burlaran de mí.
10:00. -Aló? Si... doña Graciela, sabe algo de su hijo?... No sí, claro que vino anoche...pero salió esta mañana temprano y olvido los lentes… quería que no se preocupara... Acaba de hablar con él?... Si, no, yo se que él iba de viaje, obvio que me dijo, pero pensé que iba a pasar por su casa a despedirse...no, yo no pude ir... Porque tengo gripe-

Después de oír 20 minutos de consejos para preparar agua de panela con limón y jengibre colgué el teléfono, y me eche a llorar. Mi esposo estaba vivo, no había razón para la angustia, pero me había dejado de nuevo, esta vez durante un fin de semana largo y sin avisarme. Volví a cubrirme con las cobijas, salir de mi casa hoy no tendría caso. Y ese fue el sábado.

El domingo en la mañana llego el optimismo y la venganza, llame a mis remanentes amigas solteras y las cite para una noche de margaritas y feminismo. La mayoría se sorprendieron mucho de oírme:

Intento1: -Hola! Como vas? Que vas a hacer hoy en la noche?...una cita! Veo…Super! Con quien?... Ah! En el gimnasio... Bueno, me cuentas después porque...mmm, se está quemando la cera en la estufa. Chau!

Intento2: -Hola! Te tengo el mejor plan para hoy.... Como que con quien hablo? Pues con Alejandra!- (sin palabras).

Intento3: -Vicky? Ya no vive ahí? No tendrá por casualidad su celular. No?,Ok, gracias.

A pesar del desolador panorama dos aceptaron y una traería a su hermana. Mi noche de chicas ya era un éxito total. Yo fingiría ser un ama de casa cansada de la represión conyugal, totalmente independiente y ansiosa de regresar a la soltería, hablaríamos de la idiotez de los hombres y así yo sobreviviría hasta que a mi esposo regresara.
Noche de chicas - 19:30: Desastre, me comí todo el volcán de chocolate yo sola, mientras las demás daban griticos de emoción cada vez que "la hermana" contaba un detalle más adorable que el anterior sobre su boda en Junio. Yo lloraba por dentro. Y mi marido? -Está en un viaje de negocios. Si, somos muy felices- mi noche de chicas y feminismo se convirtió en noche de princesas Disney.

Y llegué al lunes
Desperté a las 04:00 pensando en mi esposo desaparecido, haciéndome las preguntas habituales: que hice mal? Es verdad que no le pregunte si tenía planes este fin de semana…Porque no me llama? Con quien está? Es mi culpa... Soy lo peor... Lo odio. Fue el teléfono lo que sonó? No. Por favor señor… dame la calma. Soy tan infeliz.

Para matar el tiempo hice lo predecible: organizar. Empecé por la cómoda, tome unos álbumes de fotos y los puse sobre la cama, un sobre gordo, lleno de fotos cayó al piso, se esparcieron todas sobre el tapete. Eran del último viaje que había hecho con mis padres hacía más de 7 años, me incliné para recogerlas cuando me corté la mano con una de ellas. Una gota de sangre salió de mi dedo mientras yo pensaba “solo esto me faltaba”. Volví con un trozo de toalla de papel para limpiar la foto que me había cortado, al reconocerla los ojos se me iluminaron, la conciencia se perdió entre recuerdos emocionantes de aquel viaje. En la imagen estaba yo, vestida como una Maiko, son aspirantes a Geisha, o así me lo habían explicado. Tenía un kimono rojo con amarillo, y el rostro pintado de blanco, mi expresión era de total incertidumbre y felicidad mientras trataba de balancearme sobre los zapatos de madera.

Mi padre había tenido que ir durante 20 días al Japón y había sido una experiencia reveladora para todos. Al llegar estuvo a nuestro servicio una hermosa mujer japonesa, se llamaba Ana, era Joven y desprendía una alegría contagiosa. Hablaba inglés, francés y español y parecía siempre tan feliz. Había vivido la mitad de su vida en Suiza, trabajaba en la embajada de mi país y su misión era pasearnos por lugares hermosos, con estéticas que no habíamos visto nunca. Además de su actitud tranquila, tenía una sonrisa amplia y su pelo negro se mecía con el viento. Desde que la vi pensé que era impresionante. Durante los recorridos hablaba con mi madre sobre historia y con mi hermana sobre el papel de las mujeres en el mundo. Mi hermana tenía varios años con su novio y esta mujer le había dado los consejos más sabios que yo había oído en mi vida hasta ese momento. Nada de dramas estilo Beverly Hills 90210 o Dawson’s Creek, ella era centrada, inteligente, soltera...y hermosa. Una tarde, caminando por una calle llena de flores y globos de papel vi unas niñas corriendo vestidas con kimonos, grite emocionada y Ana me pregunto si quería sacarme una foto con el traje. Luego me explico que era el traje tradicional de las aprendices de Geisha. Yo tenía 14 años y no sabía nada de la vida, ni del Japón, pero me atraía el misticismo de ese kimono lleno de colores que brillaban bajo el sol que se ocultaba. En un local cercano Ana me ayudo con el vestido y el maquillaje. Yo estaba muy emocionada, sin embargo al ponerme los zapatos de madera empecé a hacer muecas y decidí desistir, eran bastante incómodos.

Mi madre con su impasibilidad habitual solo dijo - está bien, que se quite el vestido y nos vamos-
Empecé a soltarme el cabello cuando Ana se me acerco y me hablo al oído, -vas a ser la víctima de unos zapatos?- La mire extrañada, no estaba acostumbrada a que me hablaran así -quieres una foto con el kimono, si o no?-
-Sí- dije -pero la verdad es que estos zapatos me incomodan mucho y pensándolo bien me da vergüenza salir así a la calle, porque hacen estos zapatos así? Hacen que me duelan los pies!-
Hice un berrinche y pedí que me limpiaran la cara y que me quitaran el kimono. Había hecho esperar a mi madre, a mi hermana y a los demás miembros de la comitiva y ahora me quería ir...porque si.
-sabes... – me dijo Ana - Hay niñas que estudian durante años, alejadas de sus familias para merecer ese kimono, verdaderas Maiko. Tú llevas 30 minutos, varias personas han gastado su tiempo en ti, y tú te dejas vencer por unos zapatos de madera...-
-Pero no es mi culpa- dije retorciéndome - es culpa de la gente que hace estos incómodos zapatos de madera-
-No es culpa de los zapatos. Los zapatos no están en cuestión, tú querías sacarte una foto vestida de Maiko y ahora quieres irte para el hotel. Hasta ahora no veo como los zapatos de madera arruinaron la foto. TU estas arruinando la foto- Me dijo Levantando las cejas.
Luego se quito sus cómodos Adidas, se puso los zapatos de madera y sentencio - no están mal- pidió otro par para mí y yo ya no fui capaz de decir que no saldría, cuando finalmente pisé la calle me sentí valiente y retadora. Estaba al otro lado del mundo probando algo distinto, y se sentía genial.

Recordé aquella mujer y me sentí avergonzada de mi realidad. Llevaba 3 días sufriendo por convicción propia. Sentí la libertad de aquellos días en Japón... El sonido de los tacos de madera sobre el pavimento, el olor de la pintura en mi cara, y así incomoda como estaba me sentí más dueña de mi vida que 8 años después cuando se suponía que tenía más conocimiento en mi cabeza.
Lo cierto es que Ana exudaba valentía y yo no. Y también era cierto que nada me prevenía de tener felicidad deliberada.

Me puse una curita en el dedo, suspire y tome una maleta del armario, me seque las lágrimas después de comprender que YO estaba arruinando mi propia foto de nuevo. Mientras ponía los álbumes en su lugar oí como la llave mi esposo se deslizaba por la cerradura. Lo que dijo a continuación fueron solo excusas tontas. Yo ya no quería hacer preguntas, porque milagrosamente me las estaba respondiendo desde que había recordado mi viaje al Japón.
-Creo que nos estamos ahogando un poco- le dije solamente, mientras llenaba mi maleta con lo básico.

Tomé la foto y la puse cuidadosamente en mi libreta...desde ahora sería mi amuleto. Yo no tenía mucha valentía, ni coraje, ni resolución, pero sabía que en Japón había una mujer que me podía prestar un poquito de todo eso.
Y no voy a decir que mi vida iba a ser perfecta de ahí en adelante, pero ya era hora de salir al mundo. La valentía aunque prestada también es válida.

(Nota: Los hechos descritos son ficticios y no están basados de ninguna forma en la persona que aparece en la imagen)

viernes, 14 de enero de 2011

El Sendero de Don Juan

Pasajes San Juan 5 (y ya vale!!)

Foto por: Javi García
Texto: Alexandra Feo


Este es El Sendero al Mar, conocido entre los locales como el sendero de Don Juan hoy en día es un pueblo de pescadores y artesanos pintoresco y vibrante donde decenas de pescadores salen cada día al mar a recoger el alimento para sus familiar y para el comercio, la pesca es tan abundante que los huesos y cartílagos de los pescados son utilizados por los artesanos locales para realizar una artesanía típica y autóctona de esta villa, el sustento, la alegría y la salud no faltan, pero no siempre fue así.


Primera Parte

Cuentan los habitantes de estas tierras que un siglo atrás, la oscuridad, la carencia y el hambre gobernaban en esta villa, aunque pretendía igual ser un pueblo pesquero, era muy poco lo que los habitantes podían sacar del mar, poco a poco los habitantes fueron perdiendo toda esperanza y deseo de salir a la mar, los botes pesqueros comenzaban a deteriorarse debido al escaso sustento y lo poco que entraba debía ser destinado a un poco de pan y leche para las familias.

Un día antes de una tormenta que se disipaba a lo lejos se vio un pequeño bote pesquero rojo escarlata arribar a puerto, en el venía un hombre ya anciano con una tez manchada por el sol y manos como robles, desembarcó en el muelle que estaba desolado, todos los habitantes se encontraban en sus casas y la mayoría de los pescadores reunidos en el único bar del pueblo a orillas del puerto donde se podía ver ir y venir todo lo que sucedía fuera. 

El anciano hombre entró al bar, con un simple saludo de cabeza a los presentes se sentó en la barra y ordenó una cerveza.
-       ¿a dónde va?   - pregunto el hombre detrás de la barra -.
-       No voy, vengo - respondió el anciano -, vengo a probar suerte en la mar, las redes no me sacan nada en la villa de al lado desde varios meses y vengo a probar nuevas aguas.
-       No tendrá suerte acá, la mar está seca en estos lados, ya son años sin tener buena pesca, los botes ya no funcionan, las familias tienen hambre y los niños comienzan a enfermarse.
-       Bueno,  probaré de todas formas - respondió el anciano amablemente -
-       ¿Dónde se piensa quedar?
-       En la cima de ese sendero que ve allí.
Se levanto retomando su modesta mochila que consistía en una simple tela que enrollaba sus pocas pertenencias y se dispuso a salir del bar.
-       ¿Cuál es su nombre?
-       Don Juan.

Mientras Don Juan se alejaba por el sendero cuesta arriba la tormenta se desataba tempestuosamente con rayo y centellas sobre el puerto.




Segunda Parte

Un nueva mañana apareció en el  pueblo con un cielo despejado y un horizonte naranja ardiente aún en la oscuridad, 4:30 de la mañana y Don Juan comenzaba a bajar el sendero lentamente como su edad le permitía, llego al puerto, tomo su barca, salio al mar y al final de la tarde ya estaba de vuelta; entró nuevamente en el bar donde se encontraba el mismo cuadro del día anterior a su llegada, los pescadores atentos a su regreso de la jornada y el hombre detrás de la barra ansioso por hacer preguntas.
-       Buenas – dijo Don Juan-
-       Buenas, – respondió el hombre detrás de la barra – ¿tuvo suerte?
-       Así parece, necesitaré un par de hombres que me ayuden a desembarcar la pesca es muy grande y no puedo con ella.
-       ¿Cómo?
-       Muchos Jureles y algunas Palometas.

El bar quedo en silencio, los hombres atónitos miraban la situación incrédulos.

A la siguiente mañana a la misma hora el anciano se disponía nuevamente a partir sendero abajo, esta vez las luces de las casa estaban ya encendidas a temprana hora y mientras el recorría su camino se le unían el resto de los pescadores, de cada rincón de la villa, al tope del sendero, de las callejuelas de la parte baja del puerto, de todas partes, todos se subieron a sus barcas con sus redes preparadas, mas llenos de curiosidad que de esperanza, el hombre detrás de la barra observaba la escena con agrado y desconcierto.

Al final de la tarde todas las barcas regresaban a puerto, esta vez mujeres y niños esperaban ansiosos en la orilla, también el hombre detrás de la barra del bar, por supuesto; las barcas arribaban una a una con los rostros de los pescadores sonrientes, mostrando los pescados mas grandes alzándolos a la vista de todos, mayormente Jureles. El júbilo era enorme el desconcierto también. Día tras día se repetía la misma rutina , muy temprano cada mañana el anciano Don Juan comenzaba a descender por el Sendero al Mar arrastrando a su paso todos los pescadores de la villa guiándolos y llenándoles de expectativa y emoción por la nueva pesca.

Así trascurrieron meses llenos de buenos tiempos y prosperidad, un día  al regreso de la jornada algo faltaba ya las mujeres y niños no esperaban el regreso de los pescadores pues ya se habían acostumbrado a la buenaventura de cada pesca, pero era algo más lo que faltaba, Don Juan y su barca escarlata no arribaban a puerto, los pescadores desembarcaron y esperaron, pero el anciano y su barca no arribaban, algunos salieron de nuevo al mar en busca de Don Juan, regresaron y esperaron nuevamente y Don Juan y su barca no arribaban. Pasadas las horas toda la villa se reunió para salir en busca del anciano, ya era de noche subieron todos a la cima del sendero en donde el anciano se hospedaba en una pequeña casa que el decía quedaba al final de todo, después de la última casa, hasta allá llegaron y para su sorpresa no encontraron ninguna casa, fueron un poco mas allá de la última casa, caminaron un buen rato, pero nada, desierto, ningún destello de casa o civilización, perplejos decidieron embarcar de noche he ir a la villa de al lado de donde él decía venir a ver si había regresado o le habían visto.




Tercera Parte

A temprana hora de la mañana los pescadores regresaban de la villa de al lado con una noticia espeluznante que heló a todos, allá no le conocían, nunca le habían visto, un anciano de esa villa les llevo a ver la tumba de un famoso y ávido pescador, un hombre con la misma descripción de Don Juan que poseía una barca rojo escarlata igual a la que ellos habían visto y que había desaparecido en el mar unos 100 años atrás, los habitantes del pueblo levantaron esa tumba pensando que algún día regresaría y podría descansar allí, la inscripción de la tumba decía:
Don Juan
pescador ávido de Jureles
1820-1913.



Nota del autor: Este historia encerró un verdadero misterio escribirla. Después de terminada fui a la foto en cuestión para ver que titulo le había puesto el fotógrafo, para mi sorpresa se llamaba "Pasaje San Juan" sin que yo hubiese advertido esto antes de nombrar al personaje principal Don Juan ni escoger como título El sendero de Don Juan. O_O