viernes, 1 de junio de 2012

PERFORMANS (performance)

Cartas de amor
Foto: "Cartas de amor" de Luisina Sereneli
Enviada por: Victoria Pinto


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La corporación en pleno votó a favor de aquel controvertido punto del día. Ni alcalde ni ediles podían evitar mostrar un ramalazo de vergüenza, pero la situación de las cuentas municipales no dejaba otra salida.

Un par de meses antes, un conocido agricultor de la villa, Demi (de Edelmiro), volvía a casa después de una intensa jornada agrícola, no sin antes haber hecho la obligatoria parada en la fonda que queda a la entrada del pueblo. Animado por la presuntuosa valentía de varios vinos, pensó que atajar con su tractor por el centro del pueblo era una idea luminosa, y allá se dirigió.
Nadie en el pueblo y alrededores pondría en duda la destreza de Demi al volante de su Fergusson rojo, pero aquella fatídica tarde-noche, un perro bastante desagradable a causa de la sarna, que había llegado al pueblo ese preciso día vagabundeando desde no se sabe dónde, decidió atravesar la plaza desierta coincidiendo en tiempo y espacio con el tractor Fergusson rojo del “alegre” Demi.

Los vinos habían contribuido con mucha efectividad a la reducción de la vista periférica de Demi; es por eso que no vio al perro mestizo y sarnoso hasta el preciso momento en que se encontraba frente a él. Torpemente, giró el volante (en sus posteriores relatos, Demi describiría el volantazo como una maniobra osada y heroica) perdiendo el equilibrio e impactando su cabeza contra el cristal de la puerta derecha y quedando momentáneamente inconsciente. Tras avanzar unos metros fuera de control, el Fergusson rojo se detuvo con una sacudida seca.
Nadie, excepto el perro sarnoso y Don Froilán El Párroco, se percató de lo que había ocurrido. Aunque Don Froilán, hallándose más envuelto aún por los vapores del vino que el mismo Demi, olvidó el estruendo casi al momento.
Unos treinta minutos después, Demi volvió en sí. Se apeó como pudo del Fergusson y se plantó de pie junto al tractor rascándose la coronilla y preguntándose qué diantres había ocurrido. De repente, aterrorizado, vio que algo asomaba bajo su máquina. Rodeó el vehículo hacia la parte delantera, y con un largo suspiro comprobó que la única víctima del suceso había sido el buzón de Correos del pueblo.

A la mañana siguiente, todo el pueblo ya era conocedor del accidente. Bueno, todos excepto Don Froilán, que aún no había despertado de su apacible sueño etílico.
Como el servicio postal se realizaba tan sólo cada quince días y el buzón estaba rebosante de correspondencia, el alcalde había asignado a un vecino la tarea de recoger y devolver a cada quien las cartas que infructuosamente habían depositado en el buzón de color amarillo rancio. La sorpresa de este vecino fue grande cuando descubrió que muchas cartas no estaban dirigidas a lejanos destinos, sino que se trataba de correspondencia entre personas vecinas del pueblo. Como por ejemplo, varias cartas remitidas por Don Froilán para la mujer de Longinos, El Zapatero. Pero bueno, ésta historia queda apartada por el momento, ya que no es lo que había venido a contar. ¡El dichoso párroco daría para escribir toda una trilogía de mamotretos!

La corporación municipal acordó reunirse con carácter de urgencia esa misma tarde, después de la pertinente siesta. El alcalde, que era un sentimental, realizó un pequeño discurso ensalzando las virtudes del viejo buzón que tantos años había pasado en el rincón de la plaza, en el que tantas y tantas veces la gente había depositado sus cartas con sus ilusiones, sus noticias buenas o malas, sus historias de amor... Acabó con voz grave su homilía, tratando de convencer a sus oyentes de la imperiosa necesidad de reemplazarlo “ipso facto”. El pueblo no podía pasar sin un buzón. Una de las personas que más aplaudió el discurso fue Don Froilán, aunque nadie sabe por qué...
Tras la aprobación y celebración de la magnífica arenga del alcalde por parte de los ediles y de los cuarenta vecinos que asistieron al pleno, Benigno, El Tesorero municipal, se puso en pie y declaró que económicamente era imposible hacerse con un nuevo buzón. El estupor invadió a todos los presentes, incapaces de imaginar un futuro sin el buzón de color amarillo rancio. Don Froilán estaba muy afectado, pero nadie se dio cuenta en medio de aquel ambiente de fatalidad...
Después de una hora en la que todos aportaron soluciones imprecisas y poco efectivas, Severino, un joven muy vivaz, pidió la palabra y se dirigió a sus vecinos relatándoles una historia reciente:

Una semana antes, Severino y varios zagales más del pueblo se habían trasladado hasta la capital con el fin de conocer y disfrutar de las mozas de ciudad que tanto idealizaban en su inquieta imaginación. Habían recorrido varios establecimientos divirtiéndose de lo lindo y tomando no pocas bebidas “espiritosas”. Finalmente, dieron con sus huesos en un local de ambiente intelectual, donde intentaron intimar con varias chicas que pasaban el rato por allí. Ante las repetidas negativas por parte de las chicas, en un precipitado arranque de ira y orgullo herido, Severino y varios de los muchachos se hicieron con un precioso buzón rojo “Hallet-Marshall” que se encontraba en un rincón del bar. Pusieron pies en polvorosa portando entre varios el pesado buzón, lo metieron como pudieron en el coche y salieron picando ruedas en dirección al pueblo. En resumen, no se sabe si gracias al azar, el destino o la Divina Providencia, el pueblo había podido solucionar el grave problema del buzón. Y todos encantados con el color rojo, porque a nadie le gustaba el color amarillo rancio del antiguo buzón...

Al día siguiente, entre fanfarrias de dulzaina y tambor, se procedió a una ceremoniosa colocación del nuevo buzón. Después de unas palabras del alcalde y tres “Viva Severino”, los vecinos, en fila india, procedieron a depositar toda su correspondencia. Incluso algunos, movidos por la emoción del momento, quisieron aportar su grano de arena a la celebración introduciendo meros sobres vacíos (nadie quería ser “el único que no estrenó el buzón”). La fila empezó a avanzar, pero... la sorpresa fue muy grande al llegar Don Froilán a la boca del buzón y descubrir que era imposible meter una carta más. ¡Tan sólo cinco vecinos habían podido hacerlo! Nadie entendía nada. Algunos achacaban el suceso a que las cosas en el extranjero se diseñaban mal. Otros, pensaban que quizá Don Froilán había ocupado todo el espacio con sus numerosas cartas. Había quien conjeturaba que quizá Severino había robado un buzón falso... El alcalde, poniendo orden, le pidió a Arcadio El Herrero que abriera el buzón. Quizá estaba ya lleno de cartas, o comprobarían si el buzón era falso... El caso era que Arcadio lo abriera.

La conmoción que se produjo tras la apertura de la puerta del buzón es inenarrable. El alcalde se quedó paralizado. Varias señoras cayeron desmayadas al suelo. Los hombres más rudos se santiguaban. Severino enmudeció por siete largos meses.
Dentro del buzón descubrieron el cuerpo sin vida de un chico ataviado con una peineta roja colgada del cuello, un sombrero cordobés y gafas negras de pasta. A parte de las misivas de los vecinos, el chico tenía un buen número de sobres, un libro de poesía, un bote vacío de gominolas y multitud de pegatinas de colores con palabras escritas.

Lectores, sentíos privilegiados porque los vecinos del pueblo jamás supieron ni averiguaron el porqué del fatídico hallazgo. Como en esas series detectivescas en las que en el último momento se explica el verdadero desarrollo de los hechos, os contaré que Severino y sus amigos arribaron a un establecimiento de intelectuales en el que un poeta llamado Bruno Brandini realizaba una perfomance dentro de un buzón. El acto consistía en que los clientes del bar dejaban una carta en el buzón y, a continuación, Bruno Brandini les leía unos versos desde la boca del buzón y les obsequiaba con una gominola en forma de corazón y una pegatina con los versos que había leído. A causa del embrutecimiento del alcohol, ni Severino ni los otros zagales se habían dado cuenta de que el buzón tenía un habitante. Bruno Brandini se había desmayado tras golpearse la cabeza y había despertado varias horas después sin saber que el buzón se encontraba en un cobertizo nada transitado, detrás del corral del padre de Severino. Durante un par de días, Bruno sobrevivió comiendo gominolas, pero acabó falleciendo por congelación. No os asustéis. Se durmió y ya no volvió a despertar. Seamos benignos...

Volviendo al pleno del primer párrafo, celebrado tras el descubrimiento del cadáver de Bruno Brandini, finalmente se resolvió esconder el cuerpo en el canal que discurría junto al pueblo. La razón es que, Hilario, uno de los concejales, que tenía una prima casada con un guardia, afirmó que si daban aviso a las autoridades, probablemente se llevarían el buzón y, como ya dijimos, la situación de las cuentas municipales no daba para comprar uno nuevo.

A veces tengo la impresión de que la vida es una “performans” muy cruel...

martes, 15 de mayo de 2012


Foto: The Man of the Tower. Por  Irene Ruscalleda. Gracias!
Enviada por: Javier García
Escrito por: Victoria Pinto (Este escrito tiene "Banda Sonora", lo escribí mientras oía All the Right Moves de One Republic)

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Cada día, a las 5 am.
Todos los días sin faltar un sábado ni un domingo allí estoy, observando a través de la puerta o dando un paseo mientras miro al piso, evaluando mis zapatos brillantes.
Porque no me acuesto hasta que no estén completamente brillantes.
Soy la cara de este edificio, soy la llave de esta puerta y como yo sea así van a juzgar a toda la torre. Eso es lo que me han dicho en los cursos motivacionales que nos regala la organización cada dos semanas, y yo lo creo firmemente y lo repito a cada instante. Yo “poseo” esta torre.
Cuando llego en las mañanas, el otro hombre, el vigilante nocturno, me deja dirigiéndome una mirada de envidia, sabe que lo mejor viene, porque en la noche nada pasa, pero de día… que día! Aquí ocurren más de mil quinientas situaciones asombrosas. Alguna vez el propio presidente de los Estados Unidos apareció de la nada, por una de las puertas que provienen del parqueadero, a mi no me avisaron y no tuve  oportunidad de abrir la boca ni para saludarlo, uno de sus agentes me arrincono contra la pared y me dijo “ahora estamos a cargo, lo tenemos todo controlado” y así me robo mi pequeño cuarto de hora de fama. En otra ocasión el dueño del edificio me habló y luego me dio las gracias cuando impulsé la puerta delante de él. Ese día abordó su auto en la calzada del frente. Fue algo emocionante.
La mayoría piensa que no hablo ingles, pero no, yo soy de aquí, como cualquier otro y si que vengo de Queens pero llego a tiempo y nunca jamás me he retrasado ni cinco minutos. Cuando no hay mucha actividad me paseo por el pasillo lentamente, como rumiando en mis pensamientos, pero en realidad lo mío es ver a la gente pasar.
Soy un hombre muy buscado…
Como director de seguridad y además porque soy el mejor agente turístico para los altos mandos aquí. Yo siempre se donde es qué en esta ciudad, y soy capaz de conseguir un taxi bajo la lluvia a cualquier hora del día. Nunca se ha colado alguien durante mi ronda en más de 15 años de trabajo.
En efecto, me buscan de bastantes edificios, más grandes y mejor pagados, pero nunca he aceptado, este edificio tiene algo que nadie más me puede ofrecer:
Lucciana San Mary,  es esa mujer que hace más de 10 años entro por primera vez y me ha tenido hechizado.
Era 1ro de junio, yo hacia mi ronda normal, paseaba por el lobby analizando a todos los que caminaban afuera, por lo general turistas. De repente una mujer me tomo por sorpresa e intento abrir la puerta, yo le ayude inmediatamente y cuando la vi de frente me quede como loco, me miro con sus ojos cafés muy abiertos y parpadeo con sus pestañas gigantes, no me saludó, pero me dio las gracias por haber abierto la puerta. Luego me enteré de que trabajaba en el 20 y que ese era su primer día.
Normalmente no saluda ni se despide, pero es suficiente con verla mover las piernas y sonreír frente a mi cuando sale con sus compañeros. He resuelto odiarlos a todos por si acaso se quieren acercar a ella más de lo debido. Todavía recuerdo aquella vez que hice que los requisaran a todos para poder entrar solo con Lucciana en el ascensor aprovechando que me necesitaban en IBM.
Yo salude y ella solo dijo “Buenas Tardes”, tiene la voz más dulce que he oído en mi vida. Luego se quedo mirando hacia el infinito, me dio la impresión de que estaba incomoda conmigo.
Hoy este asunto me tiene un poco trastornado, me han hecho una muy buena oferta, quieren que me cambie para un edificio cerca del Central Park, de tan solo 9 pisos y dos ascensores. Yo sería el director del turno nocturno y me pagarían el doble. La puerta siempre permanece cerrada, no tengo siquiera que levantarme para abrirla, solo tengo que presionar un botón… tampoco tendré que conseguir muchos taxis ni cargar paquetes a esa hora.
He estado pensando que si logro hacer un poco más de dinero podría volver un día, entrar por esta misma puerta como un gran hombre de negocios y hacer que Lucciana se fije en mí.
Me pregunto si cuando me vaya ella me extrañará. La mejor forma de hacer que alguien note mi presencia es a veces no estando presente.




martes, 1 de mayo de 2012

Detrás del periódico


Man reading the paper
Fotografía: "Man reading the paper" de Vicky Pin  Muchas gracias!!

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Ya estás llegando, Steve”, se dijo a sí mismo.

Como cada martes, Steve V. Coleman había tomado el bus desde Newington hasta Lambeth, la parada del Puente de Westminster. Hacía tiempo que había dejado de sentir el placer de conducir gracias al pesado tráfico londinense, y no dudaba en trasladarse de un sitio a otro mediante cualquier transporte público. Hoy había optado por el autobús. En cierto modo, a Steve le provocaba cierto placer encontrarse rodeado y apretado entre la gente. Me explico: Mr. Coleman es un alto directivo de una prestigiosa empresa de telecomunicaciones. Adolece de la soledad de los grandes, ya que a sus empleados se les encoge el alma cuando se dirige a ellos. No tiene con quien bromear en el trabajo, ya que su labor es demasiado seria y se reúne con gente a la que no le apetece reír. No puede bajar la guardia y confiar en nadie, ya que cualquiera es susceptible de arrebatarle su puesto. Su despacho es uno de los más altos, de los más grandes, de los más silenciosos... Al igual que su casa, en la que ya no hay gente que cambie las cosas de sitio, ni ese agradable sonido amortiguado de otras personas haciendo cualquier cosa en cualquier habitación. Por todo esto, siente un ráfaga de placer sumergiéndose en el “tropel del la plebe”. Para él resulta divertido pararse en medio del bus o del tube y escuchar pedazos de conversaciones normales de gente normal, preocupada, contenta, perdida, agobiada...

Pero los martes no. Los martes, Steve no aparta la mirada de la ventanilla en todo el trayecto. Su mente se va muy lejos mientras sus ojos ven pasar la ciudad por el cristal empañado. Se deja llevar por las frenadas y acelerones del conductor, y ni siquiera rechista cuando alguien le hunde el codo para hacerse un sitio. Entonces es cuando llega a su parada y se apea. Baja los escalones lánguidamente y espera a que el autobús arranque. Coloca el periódico bien doblado bajo el brazo y comienza a caminar dirigiendo la vista siempre hacia la derecha, hacia el otro lado de la calle. Se desplaza contemplando al Marriot y siempre piensa que su fachada le recuerda a un cuartel militar. Al inicio del puente, se encuentra con los típicos turistas fotografiando la típica estampa del Big Ben con Westminster Bridge Road, esperando pacientemente a que uno de los característicos taxis o autobuses londinenses atraviesen el encuadre.
Cuando llega a este punto, es cuando se gira hacia la izquierda. Y cuando gira hacia la izquierda, es cuando su corazón se encoge. Atraviesa un pequeño arco de piedra y comienza a caminar por el paseo que discurre bajo los árboles, paralelo a la ribera del Thamesis, dejando a un lado el Hospital St. Thomas.

(Un martes, un año antes)

Steve ve a través del ventanal de su oficina que ya ha anochecido. Mira el reloj y comprueba fastidiado que en ese preciso instante debería estar recogiendo a Kate a la salida del trabajo, pero su reunión se está alargando más de lo debido. Podría en ese instante salir por la puerta con toda la tranquilidad del mundo, pero este cliente, a pesar de que no lo soporta, es de los más importantes. Así que decide avisar a su secretario para que envíe un mensaje a Kate disculpándose por no poder acudir. Una hora después, Steve es informado de que Kate, su esposa, ha fallecido tras ser asaltada cuando caminaba por la orilla del río, junto al Hospital de St. Thomas.

(Hoy, martes actual)

Esta mañana, la niebla confiere un tono de irrealidad al paisaje urbano. El Big Ben se desvanece a medida que se acerca al cielo y las barcazas surcan la neblina que flota sobre las aguas opacas del río. Steve forma un hueco con sus manos y exhala en el interior para calentarse los dedos.
Ya estás llegando, Steve”, dice para sus adentros. “Ya estoy llegando, Kate”.
Desde hace un año, Steve acude cada martes a la ribera del Thamesis y se sienta en el banco en el que debería haber estado esperando a su esposa aquella tarde.
Despliega el periódico, pero no lee.
Lo utiliza para esconderse, para que nadie lo vea hablar con Kate, para que nadie lo vea llorando, para que nadie vea cómo se le parte una y otra vez el alma entre disculpas...

domingo, 15 de abril de 2012

TRES GATOS



Foto de goiuri aldekoa-otalora. Gracias! Enviada por Alexandra Feo.
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Frente a mi edificio, desde que tengo uso de razón, ha habido una casa a medio caer. Los vecinos han desistido de reclamar a las autoridades para que hagan algo acerca de esto. Mi abuela piensa que la casa le quita belleza a la calle, yo por mi parte temo que Eugenia la mujer que vive allí muera aplastada bajo el peso de la estructura ante el más mínimo temblor.

Ella dice que su techo lo sostienen ángeles del cielo y que jamás se caerá, al menos no encima de ella.

Doña Eugenia no recibe muchas visitas, pero si recibe donaciones para una fundación de niños huérfanos. Por eso el jardín frente a su puerta está siempre lleno de las cosas que la gente viene a dejar (por lo general cualquier cosa que estorbe en la casa). Eugenia casi siempre recibe a los donantes y les ofrece un café pero casi nadie se atreve a aceptar: en lo más alto del tejado se sientan tres gatos a hacerle guardia a su dueña y desde que uno abre la puerta de la reja de madera y camina los cinco metros que la separan de la puerta de la casa, esos gatos se quedan observando fijamente todos tus movimientos. Alguno tal vez dejará escapar un maullido sofocado y el otro hará crujir las tejas. Ante esta situación el corazón empezará a latir, se sentirá en aire que algo va mal y cualquiera querrá salir corriendo, uno de los gatos crispará la cola y ya no habrá la menor posibilidad de aceptar ese café.
En ese jardín hay chécheres y antigüedades. Personalmente, creo que es fascinante. Siempre quise inspeccionar entre toda esta “basura” de las personas para luego imaginar un poco de sus vidas.

Una noche en la que regresaba a casa bastante tarde algo llamo mi atención; la puerta de la cerca blanca de Doña Eugenia golpeteaba suavemente mecida por el viento. Seguramente alguien había venido a dejar algún objeto y desesperado por salir de allí se había olvidado de cerrarla. Observe instintivamente el techo para saber si los gatos vigilaban, como siempre. No estaban. Un impulso incontrolable me arrastro hacia la cerca bamboleante y un minuto más tarde estaba adentro, borracha de emoción, esculcando todo lo que encontraba a mi paso.


Viejas lámparas y baúles, álbumes de fotos de los años 20, cubiertos rayados que nadie había querido, ni siquiera los huérfanos. De repente escuche sin mucha seguridad unas pisadas, pero creo que solo eran producto de mi paranoia. Imaginaba que la vieja Eugenia me encontraría y me llevaría a una especie de corte gatuna, precedida por sus tres gatos, donde sería condenada por haber entrado sin permiso y luego nadie nunca sabría nada más de mi.


Dejé a un lado este temor cuando encontré entre un baúl mohoso las páginas de lo que había sido una familia en los años 50. Era simplemente maravilloso, ver la moda de la época, las expresiones, la casa. Después de un momento pude identificar claramente la casa en donde me encontraba, había sido un edificio hermoso, ahora desvencijado y crujiente. En varias de estas fotos Eugenia aparecía abrazando a un niño mientras que dos más se aferraban a sus piernas. Quienes eran ellos? que habría pasado al final de los años de gloria de esta mujer?

Escarbando un poco más encontré un relicario. Dentro, las fotos de los tres niños que había visto antes y además, la de un hombre. “no sabía que hubiera estado casada” pensé. De inmediato quise saber donde estaba ahora este hombre y esos niños, a decir verdad a primera vista Doña Eugenia no parecía muy maternal.

Tomé una carta a medio preservar aplastada en plástico húmedo y empecé a leer por la mitad, donde la letra era más visible “…por la defunción, usted deberá acercarse a nuestras ventanillas el día 5 de cada mes. El retraso en el reclamo de su derecho pensional ocasiona el traslado del saldo a la nómina del siguiente mes. Al carecer de hijos sobrevivientes usted es la única beneficiaria del título.”
Sentí como mi corazón se arrugaba. Era esto posible? Era la vieja Eugenia simplemente una viuda triste viviendo de una mísera pensión? Tal vez no donaba los objetos/basura a la fundación como nos hacía creer. Tal vez los vendía al mejor postor, para poder sobrevivir.

Tuve un gran susto cuando una mano se apoyo suavemente sobre mi hombro, levante la cabeza y me encontré con los ojos decepcionados de Eugenia, quien me extendió su mano libre para ayudarme a levantar.

Me llevo de la mano firmemente dentro de la casa y me acerco una silla. Adentro era mucho menos tenebroso de lo que había imaginado. Si, el techo crujía, pero en general era bastante acogedor. Una sombra paso sobre nosotras -es solo Gustavo, que camina sobre el techo, no te asustes... que hacías mirando entre mis cosas?, tenias curiosidad?- le dije que si, llena de vergüenza.

Hace mucho que saque ese baúl de la casa, me trae malos recuerdos. Claro que no esperaba que alguien entrara para esculcar- me dijo levantando una ceja.

-No sabía que tenía hijos, le contesté-

-sí, tenía. Raúl, Lucas y Gustavo. Murieron en un accidente y su padre con ellos-
Lo dijo tan fríamente que me tomo varios segundos entenderlo, era una historia triste y ella parecía no sentir nada. Tal vez era solo una mujer que había enloquecido.

-antes de que empieces a pensar que soy una mujer que ha enloquecido déjame decirte que me encuentro muy bien, mis hijos me cuidan día y noche y te agradecería si no comentaras lo que has visto con nadie más.-

No entendía de que estaba hablando, la pobre de la vieja Eugenia estaba desvariando. -que quiere decir de sus hijos?, que la cuidan? Desde el cielo?- pregunte

-sí, bueno podría decir que si... – dijo volteando los ojos, luego prosiguió calmadamente- Gustavo fue el primero que llego, 15 días después del velorio. Apareció en la puerta y no quiso irse más. Le gustaba dormir en su cama original y tomar leche con miel al desayuno, eventualmente me di cuenta de que era él. Al principio estaba muy sorprendida pero aprendí a aceptarlo.

La expresión de mi cara cambiaba de confusa a lastimosa pero Eugenia siguió hablando

-Luego aparecieron Lucas y Raúl, una mañana en mi cama, como amanecían conmigo cuando estaban vivos. Trate de sacarlos de la casa asustándolos con una escoba pero no se fueron, en lugar de eso se sentaron con Gustavo en el techo. Después de un tiempo asumí que eran ellos dos. En el fondo quería que también vinieran a hacerme compañía.

-Señora Eugenia, porque no trata de arreglar un poco su casa?- pregunte tratando de cambiar de tema y pensando que ya que estaba abriéndome sus secretos tal vez podría convencerla de remodelar. Ella solo respondió que era una mujer en espera de la muerte y sin dinero, pero feliz. –probablemente esta casa se caiga al siguiente día de mi muerte… pero no antes- me dijo

Le agradecí por la historia y me levante sin hacer movimientos rápidos. Me dirigí hacia la salida sin mirar atrás. Sentí su mirada desesperanzada mientras me alejaba rápidamente, sus tres gatos maullaban sin control desde el tejado. Ella les hablaba suave -tranquilos, tranquilos-

Atravesé la calle y entre en mi edifico, donde espié por un largo rato por entre las cortinas de la ventana. La vieja Eugenia se quedo unos minutos más frente a su puerta con expresión preocupada y los gatos mantuvieron una actitud expectante, luego se echaron uno sobre otro y se quedaron dormidos.

Por obvias razones aquella noche no pude dormir tranquila. Pregunte a mi abuela si ella había conocido alguna vez al esposo de Eugenia pero mi abuela dijo no querer hablar de eso. -déjala en paz- me advirtió. Pensé que lo decía porque era una persona peligrosa; peligrosa y loca.

A la semana siguiente me levantó un fuerte movimiento, mi cama de metal crujía, los libros de los estantes cayeron al piso, la tierra estaba temblando. Salimos como pudimos solo para evaluar el daño: 3 edificios sin vidrios, una casa derrumbada y un auto aplastado por un poste de la luz. Mientras que la casa de Doña Eugenia se erguía orgullosa al final de la calle, sin un vidrio roto ni una teja floja, allí parecía que el tiempo se hubiera detenido. Su tejado crujiente, desvencijado pero intacto. Sentí como un escalofrío me recorrió la espalda, pude ver como la vieja Eugenia miraba de reojo por una de las ventanas, misteriosa, como siempre. Alcé la vista y sus tres gatos sobre el tejado me observaban fijamente. Después de todo parecía que si estaban de guardia.

miércoles, 31 de agosto de 2011

VISITANDO A FRANK



FOTO ALEX
Foto: Alexandra Feo
Escrito:Victoria Pinto (después de un tiempo alejada, tratando de volver)

...Y hace frio, como siempre en mi cabeza, todo empieza con un día frio, tanto que ya siento que los atraigo, y a donde voy siempre, todo se congela bajo los rayos tímidos de sol. Ya estaba cansada, habían sido días duros. Que difícil, que condenadamente difícil es cambiar de vida y quedarse tranquila, sabiendo que nada volverá a ser igual. Pero siempre encuentro un pedacito de lugar donde descansar, un pedacito de costumbre donde sentirme segura, así la vida sigue.
... Desde que te enterramos Frank, me pasaba los días sentada aquí, en la penumbra, era lo único que me animaba. Solo quería concentrarme en la vida de otra persona. Y no es sino que lo dijera para que apareciera, hacia el fondo del cementerio un hombre pequeño y encorvado moviendo nerviosamente las manos, frotándolas entre sí. Cuando notó mi presencia se puso aun más nervioso, se detuvo frente a una de las tumbas y dudoso imploraba con los ojos cerrados:

- perdoname, ...siento que si no me perdonas, mi vida no va a terminar bien, nada ira por el rumbo correcto, y no sabré que hacer. Como quieres que viva? Ya, perdóname, y ayúdame a enderezar este pedazo de existencia torcida, porque ya no puedo más. Lo que me hace más triste? Que ni siquiera voy a estar a tu lado, no sé donde ni quien me enterrará, ni donde me caeré muerto- sollozaba

No importa el lugar, uno siempre encuentra lo que quiere encontrar… para unos sucede más rápido que para otros, para mi sucedió aquí, después de 1 año sentada en esta tumba rezando por tu alma Frank. Siempre me había preguntado qué pasaba con las otras tumbas, quien vendría a ponerles flores en este invierno duro, o quien estaría en casa olvidándose de ellas con una taza de café en la mano. Así pasaban los días.
Decidí que me acercaría cautelosamente a este hombre, sudaba solo de las ansias que tenia de preguntarle que hacia allí, que necesitaba y que significaba ese extraño rezo que imploraba en voz baja.

Para mi sorpresa él respondió a cada una de mis preguntas como si nadie le hubiera hablado en más de 20 años, el tenía ganas de hablar y yo de escuchar! – Ya no tengo nada que perder- me dijo – lo he intentado todo y lo único que me quedaba por hacer lo hice hoy: venir a visitarla, tal vez ella sepa que hacer por mi- La tumba de su esposa esta justo frente a la tuya.

Le pregunte qué le pasaba y él me inundó los oídos con reclamos, no omitió detalle. Me conto cómo él y su amante Laura habían estado muchos años juntos amándose intensamente… después de 10 años de romance clandestino decidió dejar a su esposa e ir a vivir con Laura. Todo felicidad, hasta que su esposa murió.
A partir de este día según él su vida había cambiado, le habían echado del trabajo, al principio vivieron bien con algunos ahorros que el tenia, sin embargo 6 meses después con más de 10 entrevistas de trabajo completamente arruinadas, la angustia creciente y los bolsillos rotos, estaban completamente aterrorizados. Laura había sido acusada de robar una pulsera de diamantes en la casa donde trabajaba limpiando y ante la amenaza de una deportación había tenido que pagar 5500 euros que dieron por terminados los ahorros y la relación. Estaba destrozado, sin esposa, sin amante. Ese día, después de un año y convencido de que le había caído un maleficio encima a causa de haberle sido infiel a su esposa, había venido a pedir perdón.

Parecía un buen hombre, me quede escuchando sus historias por más de tres horas hasta que el helaje se hizo insoportable, en este punto lo invite a un café.
No siempre escoger el “camino equivocado” debería ser significado de desgracia, solo era un hombre que se había visto completamente enamorado en un punto de su vida, “todos tomamos decisiones que parecen incorrectas mirando desde el futuro hacia el pasado” me dijo. En este caso el consideraba que no tenía la culpa de haber conocido al amor de su vida luego de haber conocido a su esposa. Y creo que tenía razón, no siempre son lo mismo… y para una persona que ha conocido el amor de cerquita sonaba como una frase verdaderamente sabia. Aun así el sentía que sus desgracias económicas eran producto de una venganza del destino, premeditada desde el mas allá por haber roto las reglas de la naturaleza.
Le recordé amablemente que las reglas de la naturaleza no estaban muy inclinadas hacia la monogamia y que por mucho había roto las reglas de la cultura occidental.

Eso no pareció hacerlo sentir mejor.
“pero, le mentí” dijo sollozando una vez más. Dos de sus lagrimas gruesas cayeron sobre mi café, por alguna razón no me importó, me sentía cómoda con él. Era alguien imperfecto y sincero. Dicen por ahí que la sinceridad es la nueva arma de seducción, pero yo sabía que este hombre simplemente necesitaba hablar con alguien.
“sé que es ridículo pensar en maldiciones post mortem, no me considero un hombre ridículo, pero he estado leyendo sobre el karma, sabes algo sobre eso? No te has preguntado sobre las cosas que te pasan? No es a veces todo muy extraño? Como si los lineamientos humanos fueran una basura y fuera la justicia divina la que nos controla” decía con voz profunda. Yo estaba fascinada, después del café lo invite a casa, si… a nuestra casa, donde además de no tocarnos un pelo hablamos toda la noche sobre los más oscuros pensamientos y realidades de la tierra, todas las paradojas y todas las preguntas, le conté mi vida y el la suya. Resulto ser un hombre increíble que no tenía dinero y había caído en la desgracia.

Después de contarme algunos detalles intuí que su querida Laura no era del todo una santa. Aunque él no lo comprendió en ese momento, después de todo ella si fue la causa de la mayoría de sus problemas, alguien que no había leído más en su vida que la sección de moda de la revista Vogue y que necesitaba una visa para quedarse en el país. El no lo comprendió sino hasta mucho después.

Al día siguiente no vine a visitarte Frank. Fuimos al cine y luego lo discutimos durante varias horas. Poco o nada me importaba que todavía estuviera enamorado de Laura, no se lo pregunté, decidí enfocarme en lo que él me hablaba ahora sobre la vida y sobre el mundo. Había pedido interesarme locamente en la vida de alguien más y eso era lo que había recibido, estaba agradecida. Nunca sabré si esto fue obra tuya, si lo es… gracias.

Le ayude a salir de la pocilga donde vivía, lo instalé en mi vida y le preste dinero. Porque lo hice? Porque yo tenía algo que el necesitaba y el tenia lo que me iba a salvar la vida a mí. Además el dinero nunca fe un problema para nosotros, verdad? Pareció un intercambio justo. A veces creo que él piensa que su maldición se acabo porque vino a pedir perdón de rodillas delante de su esposa muerta (al fin y al cabo ese día me conoció a mi).

Pero yo siento que todo lo que pido llega a mis manos tarde o temprano. Tal vez sea el Karma, por amarte tanto Frank.

Ahora estoy feliz. Tu tumba no me volvió a oír sollozando. Jack y yo dormimos juntos todos los días. Tú serás mi amor eterno pero este es mi amor del presente. Tu y yo nos veremos en la siguiente dimensión. No está mal intercambiar un poco de solvencia económica por otro poco de amor. O si? Para mí es un intercambio justo. Que las tumbas grises me juzguen, de nada sirve la vida si no la compartes…

Te amo Frank, nos veremos pronto.




jueves, 18 de agosto de 2011

Las Tres Marías

Peroni VIII


Fotografía de: Mariam Mitocondrial (miles de gracias por tu foto)

Enviada por Victoria Pinto
Texto por Alexandra Feo



SOBRE LAS TRES MARÍAS


María Alfonsina (la bella), hoy día 27 años, comprometida en matrimonio con el príncipe de un pequeño país, ella nunca llegará a formar parte de esa monarquía y lo sabe desde ya, viste siempre de negro inmaculado, elegancia es su método de conseguir su cometido y parte del plan.



María Agostina (la mala), 29 años, cinco divorcios, actualmente casada con un alto directivo del Fondo Monetario Internacional, este será su último divorcio y matrimonio, es una experta en tecnología y números, practicidad es su fuerte, fría como el hielo.



María Adelina (la buena) 31 años, a dedicado su vida al bienestar y protección de María Alfonsina y María Agostina, es el cerebro de todo el plan, muy bondadosa.



PREAMBULO


María Alfonsina, María Adelina, María Agostina; la bella, la mala, la buena, todo un clásico, inseparables, comparten gustos, estilos, vidas, pasatiempos y aventuras, sin embargo en realidad no hay nada de clásico en estas tres vidas, desde pequeñas han pasado miserias y alegrías juntas, levantaron su propia cofradía en torno a su máxima adoración, el dinero. Así comienza esta historia de la cual aún no se escribe su final y que es de todo menos convencional.



Las tres Marías son como pocas, ellas saben exactamente como lucen, que buscan y que transmiten, cada parte de su estética ha sido meticulosamente estudiada y aprobada entre ellas, cada movimiento y gusto ha sido adquirido consensualmente, su vida y dedicación tiene un solo norte, dinero. Verán, María Alfonsina llegó al "Orfanato de La Caridad" 26 años atrás, una clara noche de verano fue encontrada en las escaleras de la entrada trasera del orfanato por Sor Sorrina una joven y dulce hermana de la institución, allí ya se encontraba María Adelina quien llegó con dos años de edad después de haber sido olvidada en un bosque después de un día de Pic-nic de su numerosa familia de once, cuando se dieron cuenta que la pequeña no estaba en el coche se devolvieron a toda prisa para buscarla sufriendo un accidente fatal donde todos perecieron. Sor Sorrina colocó a María Alfonsina en los brazos de María Adelina con tan solo 5 años y desde ese momento fue su guardiana inseparable, ella introdujo a María Alfonsina a María Agostina quien ya se encontraba en el orfanato; Maria Agostina nunca llego a ese orfanato porque nunca estuvo fuera, era el fruto de Sor Sorrina y el lechero quien le juró amor eterno pero bueno... ya todos sabemos como son estos lecheros, robando corazones en cada casa al amanecer, María Agostina tenía solo tres años cuando María Alfonsina llegó al orfanato, ya apuntaba maneras de niña mala a tan corta edad pero de igual forma le embelesaba la belleza de María Alfonsina y decidió amarla.



Los años pasaron y cada una fue tomando forma, carácter y peculiaridades, siempre inseparables, unidas para lo bueno y lo malo, en general eran bastante comunes, a veces tremendas y otras muy buenas como todas las niñas pero las tres compartían una cualidad, la mas poderosa de todas, inteligencia suprema. Casualmente el destino junto a tres mentes brillantes y prodigiosas en un mismo mundo, país, ciudad y casa, pronto entendieron el poder que manejaban y producto de su misma brillantes decidieron vivir simplemente como gente común, hacer gala de su inteligencia sería guardado para su intimidad y el futuro que desde adolescentes comenzaron a planear, un día el mundo conocería la mas fascinante historia jamas contada.



AL PASAR LOS AÑOS


Las tres Marías habitaban en un pequeño principado, un lugar destinado al lujo lleno de banqueros y empresarios, una villa relativamente tranquila con la excepción de una ola de asaltos bancarios que tenia azotado el gobierno los últimos años y que ha sido tan importante que ha llevado a la banca casi a la quiebra, sin embargo sus habitantes viven en calma, no hay miseria social, esta ola de atracos solo afecta a los empresarios y a la banca. Las tres Marías llegaron juntas muchos años atrás, abandonaron el orfanato cuando Maria Alfonsina cumplió la mayoría de edad, buscaron trabajo en un crucero en el cual recorrieron el mundo observando gente, aprendiendo costumbres e idiomas, un día el ferry atracó en este principado, lugar perfecto para el plan.



Y EL PLAN COMENZÓ


Rapidamente se integraron y escalaron dentro de la sociedad de la villa, utilizando toda la experiencia, inteligencia y aprendizaje de esos largos viajes supieron identificar y llegar a la cúpula mas influyente y apoderada del principado, entre ellos hicieron gala de toda su inteligencia y la excelente educación dada por las hermanas del orfanato, pronto estuvieron muy bien colocadas dentro del circulo. María Adelaida asignó los roles, facilitó documentaciones, curriculum y referencias además del seguimiento cuidadoso del plan. María Alfonsina por ser la menor y la mas bella tendría reservado un role especial, su papel sería destinado a la última parte del plan, ella cerraría con broche de oro todo los años de planificación. María Agostina, tendría la mayor responsabilidad y la tarea mas delicada y peligrosa de llevar. Durante los siguientes años contrajo matrimonio con los hombres mas poderosos relacionados con la banca del principado, sus conocimientos de tecnología le permitieron mantener record de todos los movimientos, reuniones, personas, cifras, encuentros, absolutamente toda la información relacionada con grandes cantidades de dinero, bancos, distribuciones etc, todo lo grababa y documentaba era prácticamente una espía, utilizando bolígrafos grabadores, cámaras miniaturas cualquier artilugio que le permitiera controlar y conocer información. Los últimos años su labor se hizo mas complicada dado al extremo nivel de seguridad y privacidad en que este tipo de reuniones se llevaban a cabo debido a la ola de atracos a mano armada que se llevaba a cabo en las arcas del tesoro nacional y principales bancos del principado, todo era arrasado por estos cuatro individuos cubiertos con ropa negra de los pies a la cabeza a plena luz del día armados fuertemente. El gobierno era incapaz de deternerles, incapaz de identificarlos e incapaz de prevenir sus movimientos. Mientras todo esto ocurría las tres Marías continuaban con su vida y su plan claro, una vez a la semana se les podía encontrar en el Gran Café del centro histórico, simplemente platicando y compartiendo sonrisas de complicidad, todos les conocían como las tres Marías, siempre elegantes e impecablemente vestidas. Para el último año ya era público el compromiso de María Alfonsina con el príncipe, los preparativos de la boda estaban en marcha e igualmente el acuerdo prenupcial donde se establecía la propiedad que adquiriría María Alfonsina inmediatamente efectuado el matrimonio entre ese acuerdo la posesión más preciada, una isla; una isla de 1 km2 en una ubicación secreta y paradisiaca, está sería la posesión mas importante de conseguir y el pilar del plan, para ello la boda debía llevarse a cabo, mientras tanto los preparativos iban viento en popa y los atracos bancarios seguían azotando la villa, cada vez con mas frecuencia.




Y LLEGÓ EL DÍA


La gran boda se celebraba en la catedral del centro, no solo la monarquía y sus amigos asistían, el principado entero estaba presente todos celebraban con júbilo una nueva princesa, por supuesto María Adelina y María Agostina estaban presentes ellas ayudaron a vestir y acicalar a María Alfonsina no hace falta decir que la emoción y lagrimas corrían a borbotones en aquella sala donde María Alfonsina había exigido privacidad absoluta para su arreglo personal, claro que no eran emociones por las razones que todos pensarían. Llegó el momento, todo el protocolo comenzó, música, ceremonia, cánticos, entrada del príncipe y luego la princesa, al terminar la ceremonia príncipes y testigos pasaron a una sala trasera de la catedral donde se llevaría a cabo la firma de las actas. Listo, firmaron actas, todo terminado, para finalizar solo debían regresar a la sala de ceremonia para efectuar la salida oficial de la iglesia como príncipes consagrados. Debido a los nervios y el llanto María Alfonsina se excuso para retocarse en la sala conjunta a la de la firma de las actas donde se encontraban María Adelina y María Agostina, sería cuestión de segundos, solo un pañuelo para limpiar las lágrimas y algo de polvo, antes de pasar la puerta de la sala María Alfonsina se volvió al principe y los testigos y llena de emoción dijo "gracias, miles recordaremos esto para siempre", cruzó la puerta y nunca mas la volvieron a ver.


Por la puerta trasera de la catedral salían las tres Marías, vestidas de negro de pies a cabeza un cuarto individuo esperaba en un coche también cubierto en ropa negra de pies a cabeza, "ahora comienza todo, mis niñas, buen trabajo", "gracias Sor Sorrina, por todo lo que nos has dado y enseñado" respondió Maria Adelina. Mientras la catedral se revolucionaba, las campanas no sonaban y el barullo de la gente se convertía en estupor, las tres Marías cruzaban la frontera con Sor Sorrina para nunca jamas regresar ni ser vistas.



HOY EN DÍA


Ya han pasado 10 años de esta travesía de las tres Marías que dejo en estupor permanente a un principado lleno de ricos banqueros y comerciantes quienes debido al desfalco de las tres Marías a la banca y a la tesorería del principado tuvieron que regresar a trabajar cada día como cualquier hijo de vecina y renunciar a sus ostentosos lujos para poder sacar nuevamente a sus familias y a los habitantes del principado adelante. La tres Marías tomaron posesión de su isla, renunciaron a todos sus lujos y ropa cara para cambiarlos por simple atuendo de verano y pies descalzos, la isla junto con la fortuna que tomaron de los asaltos fue destinada a centro de acogida para niños huérfanos y mas necesitados que nunca fueron o son adoptados; en ella levantaron escuelas, centros de deporte, arte y actividades al aire libre, servicio médico e incluso educación universitaria, se dedicaron las tres al cuidado y entrega de por vida a todos los niños que algo pudieron ofrecer, aún continúan con su misión, han sido cientos de miles los niños acogidos por ellas.

viernes, 17 de junio de 2011

Café con Malika



Fotografía de: Carmen Moreno  (muchísimas gracias!)
Enviada por Victoria Pinto
Texto por Alexandra Feo


Esta es la unica pertenencia de Malika, una taza promocional de "Sweet Coffe Company" la fábrica de cerámica del pueblo y única fuente de trabajo en 100km de diametro de donde nació y vive Malika, esa taza y la tetera son las únicas pertenencias blancas e inmaculadas de Malika, el resto a su alrededor es solo ruina y oxido, viejas maderas, casas sin puertas y cortinas hechas de sabanas, pertenencias justas y necesarias, Malika vive en las afueras de todo en todos los sentidos de la vida.

Cada mañana Malika despierta a las 5:45 colocá a hacer el café aún con los ojos cerrados, entra al lavabo y comienza a acicalarse; un vestido de verano blanco con flamingos estampados en la tela, su cabello negro corto alborotado con una nueva flor cada día, labios rojos y algo de perfume completaban su estampa mas propia de otra época.

Al terminar su jornada de acicalamiento su taza de café ya está lista para degustar, se sienta en una silla y una mesa también en ruinas y comienza su viaje por exactamente quince minutos hasta que le toca salir a trabajar. Malika sueña con tener una casa en el mar, no en la orilla, no, en el mar, de esas casas que se construyen sobre palos, palafitos, bueno, una casa así, con espacio suficiente solo para ella y una mascota tal vez, una casa con todo elaborado por ella misma en su interior, donde todas las mañanas pudiera salir al pequeño balcón y desde allí mismo sentada en la orilla pudiera pescar su alimento del día, con plantas de limones para hacer limonada fresca cada día y beberla al final de la tarde, pasaría los días tejiendo para su casa o una red de pescar, pescando también, cuidando de las plantas y su pequeña "greenhouse" con lechugas y tomates verdes. Un sueño muy construido y elaborado, de años de cuidado 35 años exactamente desde que comenzó a trabajar en la fábrica a los 14 años.

Al terminar la taza han transcurrido los 15 minutos y Malika regresa a la realidad, se retira la flor de la sien, la arroja dentro de la taza y parte a trabajar, un viaje largo de dos horas de ida y el mismo tiempo de regreso, Malika camina almenos dos kilómetros para tomar un autobus de la misma fábrica que después de media hora de camino la deja a ella y a todos los trabajadores en la puerta, al regreso Malika hace la misma rutina y al llegar a casa debe atender siete hermanos, todos menores que ella, sus padres no están acá desde muchos años, ella es el pilar de la casa.

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Esto fue hace 40 años, hoy Malika tiene 89 años, sigue igual serena y tranquila, como siempre, un poco mas débil y menos articulada tal vez, vive en el mismo pueblo, misma casa, ya no trabaja en la fabrica claro, se dedico a criar a sus hermanos, de vez en cuando la visitan, todos ellos han cumplido sus sueños.

Su rutina en la mañana continua igual, 5:45, Malika despierta, pone a hacer el café recién molido y se acicala, regresa a tomar su taza de café mientras sueña en lo mismo desde hace ya casi 80 años, termina y deja la flor que coloco en la mañana en su cabello dentro de la taza, se da la vuelta continua con su vida esperando algún día cumplir su sueño, esperando el próximo café con Malika.